por Filipa de Castro y Betania Allen-Leigh

¿Qué sabemos sobre el embarazo adolescente en México?

En México, el 31.2% de las adolescentes de 15-19 años ha iniciado su vida sexual y más de la mitad (56%) de ellas han estado embarazadas. Estas cifras ponen a México en el primer lugar de embarazo adolescente en la OECD, el cual se incrementó de 30 a 37 por cada mil mujeres entre 2005 y 2011.

El embarazo y la maternidad adolescentes, sobretodo cuando no son deseados, conllevan riesgos y costos elevados, tanto para la madre como para sus hijos. Factores como la pobreza, la malnutrición, la inmadurez reproductiva y la desigualdad de género comprometen la salud de las madres adolescentes y la de sus hijos. El mayor porcentaje de embarazo adolescente se concentra en grupos con condiciones inadecuadas de salud y viviendo en situación de vulnerabilidad, por lo que las madres en este grupo de edad no cuentan con el apoyo y los servicios necesarios. Asimismo, el embarazo adolescente también está asociado con la deserción escolar.

¿Cómo se desarrollan los hijos de las madres adolescentes?

Los hijos de madres adolescentes enfrentan mayores riesgos de enfermedad, muerte, abandono, accidentes y maltrato que los hijos de madres adultas. Numerosos estudios reportan que las madres adolescentes tienen menores competencias parentales, incluyendo mayor dificultad para interpretar las necesidades de sus bebés (como sus comportamientos de exploración o su deseo de recibir atención y cuidados). Esto resulta en interacciones con menor sensibilidad y afecto, un ambiente menos sano y estimulante para el bebé, y en niveles inadecuados de nutrición, de cuidados de salud y de estimulación cognitiva y social. Estas vulnerabilidades se traducen en resultados infantiles desventajosos, incluyendo problemas en el desarrollo físico, cognitivo y socio-emocional. Cuando no son atendidos, estos problemas se perpetúan en desventajas durante toda la vida. Así, los hijos de madres adolescentes presentan con mayor frecuencia problemas académicos, mayor riesgo de repetir el año escolar y de no completar la secundaria.

¿Qué factores podrían explicar este nivel de embarazo adolescente en México?

Existe un alto nivel de demanda insatisfecha de anticonceptivos entre las adolescentes mexicanas. Sólo 67% de las clínicas reportan ofrecer anticonceptivos en general y 39.5% específicamente condones. El 12.8% de los prestadores se niegan a proporcionar anticoncepción de emergencia a adolescentes si no vienen acompañados por un adulto y menos del 5% proporcionan consejería o información sobre condones a ambos géneros.

Lo anterior implica que los derechos sexuales y reproductivos de las adolescentes mexicanas no se respetan. Esto es muy importante. Sabemos que cuando las adolescentes cuentan con la información y recursos necesarios para ejercer sus derechos, pueden decidir cuándo tener hijos y ellas mismas suelen posponer el embarazo, tener menos hijos y terminar más años de estudio.

¿Qué se puede hacer?

Como sociedad no estamos brindando a las y los adolescentes las herramientas a las cuales tienen derecho y que son necesarias para planear sus vidas y decidir cuándo tener hijos. Tampoco estamos respetando los derechos de sus futuros hijos e hijas. Atender esta problemática compleja requiere una estrategia multifocal:

  1. Ofrecer una educación sexual integral para empoderar y capacitar a las y los adolescentes con los conocimientos, las competencias y las herramientas necesarias para tomar decisiones que determinan la salud y la plenitud de su sexualidad y del ejercicio de sus derechos fundamentales.
  2. Atender la demanda insatisfecha de la anticoncepción en adolescentes, mejorando, modernizando y diversificando la oferta de métodos anticonceptivos.
  3. Mejorar la calidad de la atención en salud sexual y reproductiva de las y los adolescentes, corrigiendo ineficiencias en este sistema, capacitando a prestadores de atención y brindando herramientas de trabajo como algoritmos de atención, materiales educativos y un suministro adecuado de anticonceptivos.
  4. Aprovechar el uso frecuente de las y los adolescentes de las nuevas tecnologías y ofrecerles mercadeo social de anticonceptivos, para facilitar el acceso y la motivación a usar anticonceptivos.
  5. Diseñar estrategias basadas en la evidencia dentro de los servicios de salud y de educación, para atender a madres y padres adolescentes, facilitar la detección temprana de factores de riesgo y la atención pre- y post-natal del binomio madre-bebé así como para promover la permanencia en la escuela de las madres y padres adolescentes y el uso de contraceptivos reversibles de larga duración, especialmente en el momento inmediato post-obstétrico.

Cuéntanos en la sección de comentarios o en Twitter qué hace tu comunidad para mantener a las y los adolescentes informados.

Filipa de Castro y Betania Allen-Leigh trabajan en la Unidad de Métodos en Salud Pública, Dirección de Salud Reproductiva, CISP, INSP en México.

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Showing 8 comments
  • Maria F Merino
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    Es importante también considerar aspectos legales y culturales. En algunos Estados en México, la edad mínima del consentimiento legal es de 12 años. ¡12 años!

    • Filipa de Castro
      Responder

      Efectivamente, los aspectos legales son importantísimos y con implicaciones muy fuertes en términos de políticas públicas y normatividad. La definiciones que amparan las leyes son también importantes, por ejemplo, a pesar que los códigos penales ya no hacen referencia a la virginidad ni al género, en Baja California Sur y en Sonora la definición de estupro se aplica a “mujer casta y honesta”. En México las leyes penales son competencia de los estados, por lo que hay mucho que hacer a este nivel en las entidades en las que la leyes no protegen a las adolescentes. Muchas gracias por tu comentario.

  • Nathyeli
    Responder

    Es un tema increíblemente interesante, más interesantes todavía las propuestas! Felicidades.
    Parece que entre más global es el mundo, más se presentan esta clase de problemas. Sin embargo, cuando se habla del tema de embarazo adolescente se deja un poco de lado a “quien embaraza”. En muchos casos los embarazos adolescentes son productos de violaciones o de delitos sexuales, a los que se les debe sumar la desinformación. En México existen Estados donde la edad de consentimiento sexual es hasta los 15 años, por lo que cualquier embarazo antes de esta edad debe ser visto como una violación o de delito sexual y no nada más como un problema de embarazo adolescente y de acceso.

    Mil gracias por escribir sobre esto y sigan adelante!

    Saludos.

    • Filipa de Castro
      Responder

      Muchas gracias por tu comentario. Sin duda que es muy importante lo que mencionas, y las implicaciones de las definiciones legales son muchas. En nuestra nota nos concentramos en las estrategias que desde el ámbito de la salud pública se pueden implementar de manera a prevenir el embarazo adolescente a través de la oferta de servicios de salud de calidad (eficientes, amigables, adecuados, etc), y de educación integral que permita a los jóvenes tener la información necesaria para tomar decisiones en salud que les permitan vivir su sexualidad de manera sana y en plenitud de sus derechos. Pienso que tu comentario justo se articula con este ultimo punto y es algo que amerita mayor reflexión y abogacía junto de las autoridades y tomadores de decisiones en este tema.

  • Ana Arteta
    Responder

    Pienso que sería conveniente comenzar la educación sexual desde la etapa inicial de la educación, de 5 a 6 años, porque es desde las mas tempranas edades, cuando niñas y niños al comenzar a ir a la escuela, empiezan a recibir informaciones distorcionadas sobre la sexualidad. Y creo también sería necesario acompañar la educación sexual con la educación sobre el significado del amor romántico en nuestras sociedades latinoamericanas, sobre las relaciones de pareja, el matrimonio, los proyectos de vida y la vida doméstica, y la crianza, por supuesto con enfoque de género.
    saludos

    • Francia Ramirez
      Responder

      El embarazo en adolescentes es un fenómeno que se ha dado a través de la historia, anteriormente por cuestiones culturales y por el rol que debía asumir la mujer hace unos 50 años, donde debía ser siempre sumisa, madre y ocuparse del hogar. Ahora no se evidencia desconocimiento ni falta de información en las adolescentes pues se han incrementado las campañas de sensibilización frente al embarazo en menores de edad, pero es cada vez más complejo entender porque sigue presentándose si tenemos factores educativos, sociales y familiares que son más abiertos a tratar estas temáticas que se consideraban tabú. Si tenemos conocimiento, campañas para minimizar el fenómeno y se dan todos los mecanismos para que puedan planificar las adolescentes no es falta de educación, es falta de conciencia sobre la implicación que se tiene cuando actuamos sin responsabilidad y luego no sabemos cómo asumir las consecuencias.

  • angelica
    Responder

    Hola buen dia, soy médico general y laboro para los servicios de salud del estado, desde hace ya año y medio en un moduli instalado en un centro de salud urbano en donde se atiende en dicho modulo exclusivamente adolescentes. Brindamos información sobre sus derechos sexuales y reproductivos así como se proporciona y promueve el uso de metodos anticonceptivos a cualquier adolescente que lo solicite. Si es bien cierto que se mantienen informados los adolescentes, sin embargo, continúa subiendo el porcentaje de embarazos en asolescentes, muy probable por factor cultural y no por falta de información.

  • Miguel Rivera Cortés
    Responder

    Considero que es oportuno fomentar la intervención organizada de servicios copatrocinados por la sociedad civil, probablemente a través de organismos de servicio al público y no gubernamentales (OPNES) para integrar la atención planeada de manera profesional a esta parte de la población de América Latina. Cabe recordar los servicios que proporciono durante muchos años en México, DF en materia de atención materno infantil a generaciones de familias con énfasis en acciones preventivas dirigidas a niños y adolescentes, el Centro Materno Infantil Avila Camacho, con servicios sistemáticamente organizados más allá de módulos, ciertamente útiles e insuficientes lamentablemente.

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