El fenómeno de las Smart Cities, como facilitador de la vida y la gestión de las ciudades, no es una moda pasajera. Por lo que estamos viendo, el fenómeno se extiende como una mancha de aceite hasta el punto de constituirse como uno de los ámbitos de colaboración entre Latinoamérica y Europa más prometedores en lo que se refiere al desarrollo urbano.

La ciudad de Santander (España) ha sido pionera en este campo al comenzar su andadura en el año 2009 a través de Smart Santander, un proyecto financiado por la Comisión Europea que permitió a una pequeña ciudad de 175.000 habitantes acabar siendo una referencia internacional del fenómeno.

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Vista aérea del Frente Marítimo de Santander

Además de la peculiaridad de ser uno de los únicos casos en que el proyecto de Smart City se desarrolla de manera integral con cerca de 20.000 dispositivos instalados por toda la ciudad, Santander ha demostrado la virtuosidad de la colaboración entre el ayuntamiento, la universidad y el sector privado en este tipo de proyectos. Las razones:

  1. El ayuntamiento o municipalidad no cuenta con personal especializado ni con capacidad financiera para emprender las actuaciones de investigación y desarrollo necesarias.
  2. La universidad necesita financiación, para seguir investigando y poder crear nuevas herramientas y tecnologías, y oportunidades para aplicar en la práctica el conocimiento generado.
  3. La empresa necesita prestar los servicios urbanos externalizados de una manera cada vez más eficiente e innovadora para hacer sostenible su actividad, sobre todo desde el punto de vista económico.

¿Quién sale ganando?

Como resultado de la colaboración entre todos ellos, se generan una serie de beneficios para todas las partes pero, especialmente, para los ciudadanos. Entre ellos:

  1. Se aprovecha la capacidad inversora del sector privado para modernizar servicios urbanos y generar oportunidades de negocio aplicando lo aprendido en otros territorios.
  2. El ayuntamiento consigue modernizar y mejorar los servicios que presta a la ciudadanía, pudiendo asumir las inversiones gracias al apoyo del sector privado.
  3. El talento y el conocimiento generado en la universidad pueden ser retenidos y aplicados en la misma ciudad.
  4. Los ciudadanos cuentan con mejores servicios en ámbitos como el transporte, el abastecimiento de agua o la iluminación viaria.
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Despliegue de dispositivos de temperatura, aparcamiento, ubicación de autobuses públicos y otros en Santander

Y para que todo lo anterior no quede como una reflexión teórica, basta con recordar los 15 proyectos europeos que se han desarrollado y se están desarrollando actualmente en Santander bajo ese modelo de colaboración público-privada en el que intervienen los tres agentes que forman el triángulo virtuoso: OutSmart, Butler, EAR-IT, Fed4Fire, Radical, Lexnet, Clout, SocIOTal, MobiWallet, Clips, Festival, Fiesta-IOT, Organicity, SmartWater o Santander City Lab.

¿Es útil este modelo para América Latina y el Caribe?

Aunque ya sabemos que no existen las fórmulas mágicas, sí lo podemos considerar interesante para aquellas ciudades de LAC que emprendan el camino de las Smart Cities y que, además, quieran potenciar sus universidades como un recurso estratégico de primer orden. Considerar el modelo de colaboración triangular municipalidad-universidad-sector privado como una posibilidad en América Latina, y especialmente en la ciudades intermedias que participan en el Programa de Ciudades Emergentes y Sostenibles (CES) del BID, tiene toda la lógica, puesto que más del 90% de estas últimas cuentan en su territorio con una o varias universidades y todas sufren una escasa capacidad de inversión como resultado de su modelo fiscal.

Además, este modelo vendría a reforzar las capacidades locales contribuyendo a retener el talento universitario y mejorando la empleabilidad. Integrar al sector académico en el clásico esquema de trabajo entre administraciones y empresas privadas aporta estabilidad a proyectos que requieren trabajo para el medio y largo plazo, ya que en muchos casos las empresas que prestan servicios urbanos cambian cada pocos años. Este es el caso de las Smart Cities donde, además, el conocimiento del entorno local es vital para desarrollar una experiencia exitosa.

En cualquier caso, la reciente publicación del BID La ruta hacia las Smart Cities. Migrando de una gestión tradicional a la ciudad inteligente ofrece muchas más pistas sobre las distintas opciones y modelos que pueden inspirar a las ciudades de América Latina y Caribe haciendo un análisis profundo de casos a partir, entre otras fuentes, del estudio de caso de 10 Smart Cities a escala mundial desarrollado por el BID en colaboración con el Instituto Coreano de Investigación en Asentamientos Urbanos, KRIHS por sus siglas en inglés.

¿Te interesa conocer más sobre el estudio de caso de Smart City de Santander? Descárgalo aquí. 

Jaime Gutiérrez Bayo es investigador de la Fundación Leonardo Torres Quevedo de la Universidad de Cantabria. Licenciado en Geografía y Máster en Estudios Ambientales y Territoriales. Doctorando de la Universidad de Cantabria en la línea de investigación Formas Urbanas Sostenibles y Procesos de Regeneración Urbana y Patrimonial. Más de 15 años de experiencia en el asesoramiento, diseño e impulso de políticas públicas en el ámbito del medio ambiente como procesos de participación ciudadana, implantación de Agenda 21 Local o proeyectos vinculados con la Educación Ambiental, especialmente referida a la gestión de residuos y de agua. Actualmente, participa en distintos proyectos nacionales e internacionales como experto en planificación estratégica y participación ciudadana.