En los programas de desarrollo que afectan al diseño o la movilidad urbana a menudo se olvida que los ciudadanos tienen distintas necesidades y posibilidades de movilidad, de captación sensorial, de capacidad intelectual o de comprensión. Necesidades que, además, varían a lo largo de la vida, pues las características funcionales son muy diferentes para un niño, un anciano, o una persona adulta, lo que condiciona su uso del espacio público.

Por otra parte, las consecuencias del rápido proceso de envejecimiento global (según UNFPA y HelpAge en 2050 un 22% de la población mundial tendrá 60 años o más) y las limitaciones funcionales de las personas tendrán cada vez mayor consideración en cualquier proyecto. Se trata de evitar que las intervenciones territoriales y urbanas, sobre todo aquellas de gran dimensión, dejen de lado las necesidades de amplios grupos de la población.

Para ello, las urbes del futuro deberán ser más accesibles, disponer de nuevos modelos de movilidad sostenible y ofrecer soluciones de apoyo complementario a crecientes y significativos colectivos humanos que hasta ahora han sido poco considerados (personas mayores y discapacitadas, madres/padres con bebés, niños, entre otros). Todo esto sin olvidar que, en realidad, todos, de una u otra forma, nos vemos afectados cuando los entornos no están pensados con criterios de accesibilidad, usabilidad y seguridad: unos porque desconocen el idioma o los usos locales, otros porque van distraídos o llevan prisas, otros por el tipo de calzado que llevan, porque cargan bultos o ayudan a otras personas.

El proyecto “Inclusión persona-entorno en la ciudad de Cusco” recientemente concluido plantea una metodología piloto de diagnóstico técnico, participación ciudadana, indicadores y propuestas de mejora urbana sobre este tema dentro del marco del Programa de Ciudades Emergentes y Sostenibles (CES) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La ciudad de Cusco (450.000 habitantes), donde se vienen desarrollando los diagnósticos temáticos que conducen a un Plan de Acción para los próximos años, ha sido la elegida para este proyecto piloto fundamentado en los criterios de Accesibilidad y Diseño Universal y recientemente concluido por ACCEPLAN.

Propuesta de reordenamiento accesible de espacios frente a la iglesia de San Pedro en Cusco. Fuente: ACCEPLAN

Como parte de las actividades puestas en marcha durante la misión realizada en Cusco en mayo de 2016, desde ACCEPLAN hemos organizado un Taller Participativo con más de 40 representantes de colectivos de personas mayores y con discapacidad de la ciudad. Su valoración sobre las condiciones de accesibilidad de la ciudad solo obtuvo una nota de 2,88 sobre 10. Y otros datos de tipo técnico recogidos por el equipo sobre 6 km de calles del centro histórico han permitido apreciar distintos tipos de problemas en los espacios analizados: tramos de vereda, intersecciones o cruceros peatonales y acceso a comercios y edificaciones de uso público.

Los problemas del espacio urbano incluyen la estrechez de veredas, la inexistencia de rampas en los cruces, o su mal diseño y ejecución, la falta de espacio para la circulación y estancia en las zonas de uso peatonal (veredas e isletas o bermas centrales), el reparto inadecuado del espacio público entre peatones y vehículos, la señalización insuficiente o ineficiente, el pavimento deslizante, la invasión del espacio de paso por el comercio informal, los elementos de mobiliario y urbanización mal ubicados, y la falta de accesibilidad en las entradas a los edificios de uso público.

Como resultado de todo ello se han planteado propuestas técnicas de diseño, mejora de equipamientos o reordenación urbana sobre cuatro espacios críticos de la ciudad: Mercado de San Pedro, calle Pampa del Castillo, entorno del Qorikancha, o Templo del Sol y el pasaje Hatunrumiyoc, donde está la famosa piedra de los doce ángulos.

Reordenación de la calle Santo Domingo, para favorecer el uso peatonal (que pasaría del 30% actual al 67%) y la accesibilidad en el entorno del Qorikancha. Fuente: ACCEPLAN

 

Finalmente, también se han desarrollado un conjunto de indicadores que hemos denominado de Adaptación Persona-Entorno (APE) que recogen, de forma fácilmente replicable, algunas condiciones básicas de accesibilidad y calidad de uso de espacios públicos y edificaciones de acuerdo a la diversidad de necesidades físicas, sensoriales e intelectuales, de los ciudadanos.

Este proyecto piloto debería ser una oportunidad de contemplar, en las distintas ciudades que se adhieren al programa, la inclusión de distintos colectivos, a menudo ignorados, y de esa forma mejorar el impacto social y sostenibilidad de los proyectos de intervención urbana.

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fernando  

Fernando Alonso López es economista y doctor en relaciones internacionales por la Universidad Autónoma de Barcelona. Fundó ACCEPLAN hace 20 años, primero como grupo de investigación universitario y después como empresa. Durante ese tiempo ha realizado estudios, consultoría, guías técnicas y normativa sobre la temática de la accesibilidad y los entornos inclusivos para muchas administraciones públicas en España, además de publicar libros y artículos. Coordinó el Libro Verde de la Accesibilidad, el Plan Nacional de Accesibilidad 2004-2012 en España y la Orden Ministerial VIV561/2010 que armoniza las condiciones de accesibilidad urbana exigibles en las ciudades españolas.  Con ACCEPLAN ha trabajado también para la mejora de accesos, calidad de uso y movilidad urbana en ciudades latinoamericanas con instituciones como el Banco Mundial, AECID y el BID.