El terremoto ocurrido en Ecuador el 16 de abril de 2016 mostró una vez más las graves consecuencias de los desastres naturales: dolor, muertes, pérdidas. Estas consecuencias comprometen el desarrollo de nuestras ciudades.

Los desastres que ocurren en ciudades latinoamericanas se deben a la confluencia de dos factores que determinan el riesgo: la amenaza natural y la vulnerabilidad urbana. Una vez que ocurre un desastre, es necesario que las ciudades tengan capacidad de recuperarse lo más pronto posible a fin de evitar mayores desastres (epidemias, más pérdidas económicas). Para ello, es necesario hacerlas resilientes en términos de planificación y funcionamiento.

 A pesar de la importancia de cada víctima, el terremoto de Ecuador (con unas 500 muertes) no se suma a la lista de terremotos con mayor número de víctimas a nivel mundial:

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Fuente: Münchener Rückversicherungs-Gesellschaft, Geo Risks Research, NatCatSERVICE Jan 2015.

De los 10 desastres que produjeron el mayor número de víctimas entre 1984 y 2015, 6 fueron terremotos, (760.000 víctimas, 65% de los fallecidos) y generaron la mayor cantidad de pérdidas: 115.800 millones de dólares, que son el 85% del total generado por los 10 desastres más mortíferos (con un total de 137.000 millones de dólares). Si a eso se suma el terremoto de Chile del 27 de febrero de 2010 (magnitud 8.8, 526 víctimas, 800.000 damnificados y 30.000 millones de US$ de pérdidas) y el de Japón del 11 de marzo de 2011 (magnitud 9.0, 15.900 víctimas y 200.000 millones de US$ de pérdidas), las pérdidas acumuladas por los 8 terremotos más destructores en 1980-2014 superan los 350.000 millones de dólares.

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Desastre generado por el terremoto de Haití de 2010. Foto: UN Photo/Logan Abassi UNDP Global

Los terremotos pueden destruir buena parte de la infraestructura de las ciudades: hospitales, escuelas, vialidad, edificios gubernamentales, oficinas, industrias, patrimonio; pero el peor impacto va normalmente asociado a la vulnerabilidad de la vivienda de los más pobres.

La amenaza: buena parte de las ciudades de América latina se encuentran en zonas de alta amenaza sísmica.

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La vulnerabilidad: 60% de América Latina vive en desarrollos informales (Duncan, 2006):

  • Una de cada tres familias (60 millones de personas) “habita una vivienda inadecuada o construida con materiales precarios o carente de servicios básicos” (Fuente: BID, 2012).
  • “Dos millones de los tres millones de familias que se forman cada año en las ciudades latinoamericanas se ven obligadas a instalarse en viviendas informales, en zonas marginales, a causa de una oferta insuficiente de viviendas adecuadas y asequibles” (Fuente: ídem)

El desarrollo informal crea un hábitat incapaz de soportar terremotos ni fuertes lluvias o inundaciones. En la mayoría de los casos se produce la ocupación de terrenos inadecuados, que empeoran por la ausencia de drenajes y cloacas. Estas viviendas no tienen estructuras que les permitan resistir terremotos, y en numerosas ciudades, la forma caótica en la que se ha definido la ocupación del terreno mediante invasiones, dificulta el acceso vial, necesario para ambulancias, equipos de rescate y grúas, indispensables para salvar vidas.

Los gobiernos no tienen recursos suficientes para atender este problema: se requiere más de 310.000 millones de US$ para atender el déficit acumulado, y 70.000 millones de US$ cada año para la demanda anual de 2 millones de viviendas en sectores de bajos recursos. En este sentido, los pobres continuarán autoconstruyendo[i] , y la vulnerabilidad continuará acompañando ese crecimiento. Más aún, las catástrofes tienen efectos más destructores cuando las comunidades afectadas son menos educadas, menos preparadas, y más pobres, porque pierden en pocos segundos todo lo que tienen.

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Hábitat vulnerable en ciudades de América Latina. Foto: P. Maragno

 

¿Cómo disminuir la vulnerabilidad ante los riesgos de ocurrencia de desastres naturales?

El primer problema es la exclusión y la pobreza. Las catástrofes tienen efectos más destructores cuando las comunidades afectadas son menos educadas, menos preparadas, y más pobres, porque pierden en pocos segundos todo lo que tienen.

Para que las ciudades disminuyan sus riesgos de ocurrencia de desastres es indispensable disminuir la vulnerabilidad. Para ello es necesario:

  • Superar la exclusión mediante la capacitación, el empleo y el emprendimiento.
  • Desarrollar y difundir el conocimiento, para conocer las amenazas y diseñar ciudades con soluciones seguras, económicas y adaptadas a cada realidad. También es necesario impulsar la apropiación social del conocimiento, para que la gente se organice y aplique ese conocimiento que salvará vidas y evitará pérdidas.
  • Fortalecer las instituciones, para que planifiquen, generen normas y procedimientos, y los apliquen en las ciudades.

Si se hacen dilatados y sostenidos esfuerzos de planificación, educación, fortalecimiento institucional y construcción de redes sociales, las consecuencias de las catástrofes serán menores, pero para ello, es indispensable que el problema de la vivienda de los pobres y su vulnerabilidad ante terremotos, sea adecuadamente comprendido por las instituciones y por los mismos habitantes de las ciudades.

 

Carlos Genatios es Ph.D en Ingeniería Estructural, Coordinador General de la Red Geopolis, para la Reducción de Riesgos de Desastres en Latinoamérica (que agrupa 12 países), Académico de Número de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat, ingeniero consultor en ingeniería sísmica y reducción de riesgos de desastres, profesor titular de la Universidad Central de Venezuela. Fue ministro de Ciencia y Tecnología, Director General del Ministerio de Desarrollo Urbano y Viceministro de Infraestructura, Presidente del Consejo Andino de Ciencia y Tecnología. Es autor de 13 libros, 150 artículos científico-técnicos, 300 artículos de opinión y numerosos proyectos de ingeniería sismorresistente y reducción de riesgos de desastres, fundador de 7 cátedras. Ha sido consultor del BID, CAF, CEPAL. Es comendador de las Palmas Académicas y Gran Oficial del Orden del Mérito de la República Francesa.