2015 es un año importante para los que queremos un mundo menos contaminado. En septiembre, los países miembros de la ONU se reunirán en Nueva York para aprobar la agenda de desarrollo sostenible que sustituye a los objetivos de milenio acordados en 2000; y en noviembre, se discutirá en París un nuevo acuerdo internacional que sustituye al moribundo Protocolo de Kyoto.

Cuando hablamos de cambio climático, de alguna manera reconforta ver que la búsqueda de nuevas vías para reducir la intensidad energética y sustituir combustibles fósiles se está produciendo aún en ausencia de políticas nacionales suscritas a acuerdos climáticos internacionales, como Kyoto.

Este año tuve el gusto de participar en la Cumbre de Cambio Climático de las Américas, reunión que tuvo lugar en Toronto y donde se presentaron experiencias de gobiernos estatales y provinciales que confirman que los recursos y alianzas que se suscriben a nivel sub-nacional pueden generar importantes reducciones de carbono. Ejemplo de ello son las normas y políticas de energía renovable, eficiencia energética y precio al carbono que están promoviendo estados y provincias como Ontario—que este año anunció la entrada a un mercado de carbono con Quebec y California—Oregon con la primera carretera solar en Estados Unidos, Connecticut con el primer banco verde del país, o la provincia de British Columbia cuyo impuesto “neutral” al carbono le ha permitido en 7 años de implementación reducir 16% el consumo de combustibles fósiles sujetos a impuesto y al mismo tiempo incrementar empleos y crecimiento económico.

A pesar de contar con menores recursos normativos y financieros que los estados o provincias, las ciudades están encontrando los mecanismos para generar incentivos y promover comportamientos más racionales y respetuosos con el entorno y las personas con grandes dividendos en términos de ahorro de energía, competitividad y reducción de emisiones.

La ciudad de Vancouver está consiguiendo importantes resultados en varios frentes como la reducción de distancias recorridas y el uso del auto, la disminución del consumo de energía en edificios y los residuos sólidos que se dirigen a incineradores o vertederos, entre muchos otros logros. La estrategia de adaptación climática de Vancouver se ha materializado en instrumentos normativos importantes como enmiendas en los códigos de construcción donde se fijan nuevos niveles de inundación considerando escenarios de cambio climático. Y qué decir de la ciudad de Toronto que hospedó la Cumbre, ciudad compacta, con usos mixtos y bien conectados con dos ambiciosos proyectos para mejor la movilidad y reducir las emisiones GEI.

 Vancouver 2Azoteas verdes en Vancouver. NNECAPA, Photo Library

El optimismo se incrementa si consideramos que, como mencionó Felipe Calderón en su presentación citando al nuevo reporte de New Climate Economy, el incremento de energía renovable como fuente de generación eléctrica representó en 2013 el 48% de la nueva capacidad instalada, y que el costo de los sistemas de energía solar y de baterías ha disminuido casi el 75% y 60%, respectivamente desde el año 2000, lo cual está permitiendo una instalación masiva en algunas ciudades.

Pero no podemos echar campanas al vuelo. En 2014, más de 1,300 GW de carboeléctricas estaba en construcción y para el 2050 la Agencia Internacional de Energía establece que necesitamos disminuir el 60% de las emisiones GEI por consumo energético para no incrementar en más 2°C la temperatura global. Sabemos que los más afectados será la gente pobre (¡todavía hay 2.5 billones de personas que vive con menos de 2 dólares diarios!) por vivir en zonas de riesgo y con pocos medios para responder a un desastre.

Los gobiernos nacionales deben empujar y fortalecer las acciones que ocurren en el ámbito local. Decía Mary Polak, Secretaria de Medio Ambiente de British Columbia, que en Canadá el 40% de las acciones para mitigar el cambio climático recae en las competencias locales, pero el 60 restante son políticas nacionales que, a través de instrumentos normativos y financieros, deben marcar el rumbo. Mc Kinsey Global Institute calcula que para el 2030, se deberán invertir 57 trillones de dólares en proyectos de infraestructura para mantener el ritmo de crecimiento económico.

Aunque una gran proporción de ellos se ubicará en ciudades, su diseño e implementación en buena medida dependerá del apoyo político y financiero de las entidades estatales o nacionales. Es por ello fundamental que los incentivos y regulaciones establecidos en los acuerdos climáticos en los distintos niveles de gobierno estén alineados bajo los mismos objetivos de mitigación, adaptación y desarrollo.

En el próximo post les hablaré de lo que está haciendo México para reducir sus emisiones y un video donde el Subsecretario de Planeación de la Secretaría de Medio Ambiente nos cuenta el papel que juegan los gobiernos locales.

En el próximo post les hablaré de lo que está haciendo México para reducir sus emisiones y un video donde el Subsecretario de Planeación de la Secretaría de Medio Ambiente nos cuenta el papel que juegan los gobiernos locales.

¿Te interesa conocer más sobre las acciones que pueden tomar las ciudades para adaptarse y mitigar el cambio climático?

Este año, Kai-Uwe Bergmann—socio de BIG Architects y responsable por el plan de resiliencia The Dryline que busca proteger a 10 millas de la costa de Manhattan de inundaciones y otros fenómenos—será uno de los ponentes en Demand Solutions/ Idear Soluciones. Regístrate aquí y participa en el evento este 29 de septiembre.