transformaciones urbanas

El actual ritmo de urbanización que registra América Latina y el Caribe (LAC) es uno de los más grandes retos que enfrentarán los gobiernos nacionales y sub nacionales durante las próximas décadas. Un reciente reporte de las Naciones Unidas estima que para el año 2050, nueve de diez latinoamericanos vivirán en las ciudades de la región. Hoy en día, LAC es la región más urbanizada del planeta, con ochenta por ciento de la población viviendo en zonas urbanas.

Con el propósito de explorar modelos de desarrollo que aseguren crecimiento económico y hagan frente a los riesgos que impone el cambio climático, siete países—entre ellos Colombia—crearon  la Comisión Global para la Economía y el Clima, la cual reúne a un grupo de ex presidentes, expertos y ministros de finanzas liderados por el ex presidente de México, Felipe Calderón. El primer documento de la Comisión, titulado “Las Ciudades y la Nueva Economía del Clima: el poder transformacional del crecimiento urbano” (Cities and the New Climate Economy: the Transformative Role of Global Urban Growth) identifica tres grupos de ciudades: las Ciudades Emergentes, las Mega-ciudades Globales y las Ciudades Globales.

De estos tres grupos, el más numeroso es el de las ciudades emergentes (291 ciudades), constituido por aquellas ciudades cuya población oscila entre un millón y diez millones de habitantes y donde el nivel de ingresos per cápita esta entre los $2,000 y los $20,000 dólares. De seguir con las actuales tasas de crecimiento, el estudio sugiere que este grupo de ciudades contribuirá al 15 por ciento de la población global, al 27 por ciento del crecimiento de los ingresos y al 35 por ciento del incremento de los gases de efecto invernadero entre los años 2012 y 2030; pasando de una emisión promedio de 5.2 toneladas de CO2 por habitante en el 2012, a 7 toneladas de CO2 por habitante en el 2030.

¿Cómo deben crecer estas ciudades?

Un modelo de crecimiento sostenible de las ciudades emergentes deberá, por un lado, explotar los beneficios y oportunidades del crecimiento urbano, y por el otro, mitigar y reducir los costos e impactos de ese crecimiento. Para ello, ese modelo deberá construir nuevos e ingeniosos mecanismos de financiamiento, gobernabilidad y gestión urbana que permitan a las ciudades:

1)      Planificar su crecimiento de forma organizada: En las próximas décadas las ciudades emergentes deberán hacer cuantiosas inversiones en compra de suelo de protección y en infraestructura para reducir la vulnerabilidad de las comunidades urbanas, mitigar riesgos ambientales y manejar las dinámicas urbanas tales como transporte, movilidad, seguridad, vivienda y servicios.

2)      Ampliar su pool de recursos: Recursos adicionales se requerirán para manejar los desechos líquidos y sólidos; para invertir en espacio público, servicios comunales, vivienda y servicios básicos; y en operaciones estratégicas de rehabilitación, consolidación, conservación, mejoramiento y expansión de usos de suelo urbano. Para asegurar que los habitantes de las ciudades emergentes tengan acceso a la vivienda, el agua, la energía, la educación, cultura, oportunidades de empleo y empresariales, transporte, conectividad digital  y mejor calidad de vida que desean y esperan, la ciudad requiere inversiones cuantiosas, constantes y de largo aliento.

3)      Invertir en infraestructura urbana: Las inversiones de los fondos de pensiones podrían incrementarse en los próximos años si las ciudades adoptan marcos regulatorios más efectivos, flexibles y eficientes donde:

–  Se facilite el diálogo y la participación del sector privado para llevar adelante las transformaciones urbanas.

–  Se incremente la inversión de capital  a través de las asociaciones público-privadas en proyectos sostenibles.

–  Se creen los incentivos para que las empresas privadas se comprometan en inversiones a largo plazo mientras los gobiernos se vean obligados a asumir estrategias de planificación.

4)      Preparar el terreno para las inversiones: Durante la etapa de pre-inversión, las autoridades locales deben resolver temas tales como permisos y licencias, cambio de uso del suelo, y tasas, antes de que los contratistas comiencen la construcción de los proyectos.

5)      Crear un clima propicio para las inversiones a largo plazo: Dado el monto de las inversiones, es necesario que los bancos de desarrollo y las instituciones financieras internacionales cubran algunos de los riesgos de los inversionistas. Una medida clave sería que las entidades internacionales aseguren al inversionista el flujo de los pagos a largo plazo del gobierno, contra riesgos inflacionarios y cambiarios, de renegociación de contratos, procesos de contratación, expedición de licencias y permisos, y política tributaria.

6)      Mejorar la gestión gubernamental: Se requiere de un gobierno que coordine las actuaciones de los distintos actores urbanos y haga una efectiva gestión urbana para apoyar la planificación estratégica a corto, mediano y largo plazo de la ciudad, así como la implementación de los proyectos y las inversiones de los distintos sectores: público, privado y sociedad civil.

La evidencia sugiere que hasta ahora el modelo de urbanización de las ciudades de la región ha sido ineficiente, inequitativo y poco competitivo, lo que ha llevado a que la población urbana pague altos costos  económicos, sociales y ambientales. Es por ello que es necesario un cambio de modelo, especialmente para las ciudades emergentes que deben evitar a toda costa cometer los mismos errores de sus hermanas mayores y más maduras.