Por Cristián Larrère*

Chacao_viejo - credit- by Cristian Larrere

El archipiélago de Chiloé tiene cerca de 40 islas enclavadas en el sur de Chile, en uno de los puntos más australes del mundo. En 1608 llegaron los primeros jesuitas a las islas y en 1612 fundaron la primer iglesia de madera autóctona. En 1767 ya había 79 y hoy quedan 150. Los lugareños se jactan de que en las iglesias hay solo madera y ni un solo clavo de metal. En el año 2000 fueron declaradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Pese al valor arquitectónico de las iglesias, la fragilidad de los materiales, el descuido y los incendios han causado estragos durante siglos. Hasta el día de hoy las iglesias se mantienen en muy mal estado.  La iglesia de Rilán, por ejemplo, tenía fundaciones que apenas la sostenían.  El piso se hundía en muchos sectores y la iglesia se veía asentada sobre un pantano. El sistema eléctrico era muy básico y antiguo, lo que hacía temer un incendio, uno más entre los tantos que acabaron con otras iglesias.

La Fundación “Amigos de las Iglesias de Chiloé” nació para enfrentar esta catástrofe. Junto a los vecinos de Rilán pidieron al gobierno central fondos para financiar una restauración completa. El BID aportó con un préstamo para financiar el programa “Puesta en Valor del Patrimonio” y así se pudo dar inicio al trabajo.

Una restauración completa es un desafío enorme e inédito en Chiloé. Significó un año completo de estudios y planificaciones. Finalmente, y para alegría de todos, en el verano de 2012 se hizo la ceremonia “retiro de primera tabla”, que simboliza lo que vivirían todas las maderas de la iglesia al ser retiradas una a una para restaurarlas. Después de dos años de trabajo, que incluyó nuevas fundaciones, un proyecto de drenaje, nuevas maderas estructurales y reparación de mobiliario, se llegó al fin. En diciembre de 2013,  un niño de la comunidad reingresaba al templo la misma tabla retirada dos años antes, en la ceremonia de la “puesta de la última tabla”. Los vecinos sintieron que ingresaban al mismo templo centenario, aquel que conocieron de sus abuelos y que representa el eje de su vida comunitaria.

Pero ese es solo el inicio de la historia. Los vecinos se organizaron para atender a los turistas que llegaban de todo el mundo a conocer la iglesia. Entre ellos designaron tres guías patrimoniales, que esperan con el templo abierto a los visitantes para contarles con orgullo el significado de la iglesia, sus vivencias y los conocimientos heredados de sus mayores. Muchos turistas dejan generosas donaciones para la mantención futura del templo, lo que permite cubrir la remuneración de los vecinos-guías y mantener la iglesia.

Dalcahue- credit- by Cristian Larrere

Antes de la restauración y sin estar organizados, los vecinos recaudaban US$200 en todo el verano. Después de organizarse y restaurar, en las primeras tres semanas recibieron US$4.000 en donaciones. La comunidad de Rilán está feliz porque descubrieron que la iglesia genera trabajo y crea oportunidades de desarrollo. Próximamente los vecinos ofrecerán artesanías locales y servicios adicionales a los turistas.

Los otros isleños aprendieron una lección importante de la gente de Rilán. El patrimonio histórico es el núcleo que da vida a la comunidad. Es un espacio de todos, un centro que conecta las vidas de los vecinos, el trabajo y el ocio, a las generaciones nuevas y a las antiguas. Hay un círculo virtuoso cuando la comunidad se une puede producir un cambio en el espacio donde viven, y ese cambio en el espacio a su vez produce un cambio positivo en la comunidad. Es de esperar que esta experiencia ocurra en muchas más comunidades de Chile y el mundo.

Caguach - credit- by Cristian Larrere

*Cristián Larrère es Director Ejecutivo de la Fundación de Amigos de las Iglesias de Chiloé. Su colección de fotos de Chiloé está disponible aquí.