Conocer personas y encontrar un trabajo tiene mucho que ver con los lugares y las redes sociales a que tenemos acceso. A pesar de la enorme oferta de virtualidad en nuestras vidas —Facebook, Skype, Twitter— siguen siendo las ciudades y sus espacios cívicos —escuelas, centros comunitarios, oficinas, tiendas, espacios públicos— los lugares por excelencia que permiten el encuentro real con los otros. Somos seres sociales incluso cuando hacemos tareas individuales. Eso explica, por ejemplo, el éxito de empresas como Starbucks. Por eso la ciudad ha sido y seguirá siendo el espacio para interactuar que configura las oportunidades que encontramos en nuestras vidas.

El urbanismo social se ocupa de este aspecto. Está basado en la idea de que el grado de cohesión y el tipo de conexión que la ciudad ofrece generan círculos virtuosos que mejoran la vida de la gente. El “factor humano” y sus circunstancias están intrínsecamente asociados con las oportunidades que ofrece el entorno urbano. El urbanismo social se distingue entre diversas formas de abordar las ciudades porque pone el progreso humano en el centro.

Con el concepto de ciudad creativa Richard Florida contribuyó a  consolidar esta visión,  argumentando que las clases creativas buscan ciudades con oportunidades e infraestructuras para el desarrollo personal y profesional, con respeto, tolerancia y reafirmación de su propia identidad.

El éxito de una ciudad depende en gran medida de su capacidad de promover la cohesión social. Donde hay enclaves sociales hay exclusión y tensión, lo que limita las oportunidades de las personas y genera una persistente inequidad. Esto lo demostró Alan Ehrenhalt en su estudio sobre la experiencia estadounidense en The Great Inversion and the Future of the American City.

América Latina tiene prácticas exitosas de urbanismo social para mostrar. Las acciones implementadas en Río de Janeiro con el Programa Favela Bairro  y en Medellín   buscan la integración y cohesión social mediante mejor integración espacial (facilitando la movilidad de los peatones), calidad de los espacios públicos (con nuevos lugares de convivencia ciudadana), y la generación de espacios culturales y de apoyo social (bibliotecas, escuelas, centros de salud, centros comunitarios).

La relación entre ciudad, oportunidades y desarrollo humano está ganando notoriedad en la agenda y en los estudios especializados. Esto es una buena noticia, porque aunque las redes sociales en internet consuman muchas horas de nuestro día, son las redes sociales reales que armamos en nuestro espacio urbano las que definen las oportunidades que tenemos en la vida.