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Por suerte sigo encontrando buenos ejemplos de ríos urbanos en la región. Hace un par de semanas me tocó visitar la ciudad de Cuenca, Ecuador,  en el marco del lanzamiento de la Iniciativa Ciudades Emergentes y Sostenibles del BID. Cuenca es una entrañable ciudad interandina situada a 2.550 metros de altura, con una población de algo más de 500,000 habitantes, con una singular tradición colonial y centro histórico que generaron que fuera declarado “Patrimonio Cultural de la Humanidad” por la UNESCO en el año 1999. Debo admitir que la mayor expectativa “turística” de mi visita estaba focalizada en volver a caminar por las calles de este centro histórico admirando sus edificios y plazas, pero para mi sorpresa, me encontré con el río Tomebamba, un río urbano extremadamente limpio, con riberas arboladas que dan vida al centro de la ciudad. Pero la historia no terminaba ahí,  para orgullo de nuestra institución, el BID había tenido un rol clave en la historia del río.

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Me comentaron las autoridades que hasta mediados de la década del 80, el río presentaba un aspecto séptico, color gris, con olores pestilentes y sin vida acuática debido a las descargas de aguas residuales que llegaban directamente al él. Es importante aclarar que el río era y es fuente parcial de agua para la ciudad. En aquel momento se elaboró un Plan  Maestro de Control de la Contaminación de los ríos de Cuenca cuya implementación, financiada en parte significativa por el BID, terminó casi 15 años después. Las obras incluyeron la construcción de alcantarillado combinado, casi 100 km de interceptores que evitan que las aguas residuales lleguen al río y que las conducen a una planta de tratamiento, sistema que lo ha situado, sin lugar a duda, entre los ríos urbanos más limpios de la región, siendo éste un orgullo para los ciudadanos de Cuenca.

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¿Cómo se logra este éxito? Mediante una decisión política fuerte mantenida en el tiempo, traducida en la elaboración de un Plan serio, un apoyo económico indispensable y de largo alcance. Pero sobre todo,  con una empresa pública (ETAPA) responsable de ejecutar el Plan que se mantuvo a la altura de las circunstancias durante todo este tiempo. Esta empresa no sólo es responsable hoy del plan de control ambiental del río sino que en el marco de la integralidad del cuidado del recurso, ha logrado ser responsable también del manejo del Parque Nacional donde se encuentran los páramos con lagos y ríos vírgenes que son la fuente de agua de los cuencanos.

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La reflexión más obvia nos lleva a pensar en la buena gestión municipal. Pero hay más. Sigo pensando en que un bien común ambiental de la ciudad como el río es orgullo de sus ciudadanos, y no sólo por su belleza, es orgullo porque de manera activa y mediante sus representantes, la sociedad decidió invertir para recuperarlo. Suena obvio y lógico, ¿no debería ser siempre así? Sí, pero son muy pocas las ciudades de la región que siguen este camino. Disfruté mucho mi caminata junto al río, me senté en un banco y me detuve a mirar las parejas charlando y un chico optimista en plena actividad pesquera. Tuve la sensación en ese momento que el impacto del río en la vida de la ciudad podría ser aún mayor, podrían implementarse proyectos que sean una segunda ola de mejoras, ya de desarrollo urbano más amplio que tomen al río como eje. Seguramente los cuencanos ya lo tienen planeado.

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