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En la aplicación de la Iniciativa Ciudades Emergentes y Sostenibles (ICES) en Montevideo en 2011, se levantaron 1000 encuestas de opinión pública que ayudaron, entre otros aspectos, a determinar las áreas de acción que eran prioridad para la población de la ciudad.

Como era de suponer, la principal preocupación de los montevideanos entre las 20 temáticas testeadas correspondió a la seguridad ciudadana. Tampoco escapó de lo esperable la segunda prioridad encontrada, inequidad urbana, especialmente referida a la pobreza. Sin embargo, sí causó sorpresa el tercer lugar en el escalafón: los ruidos molestos, por delante de aspectos como transporte, gestión de residuos sólidos, empleo y educación, entre otros.

La apertura de la información por zonas de la ciudad permitió observar que el ruido llega incluso a ser la segunda preocupación entre la población de la costa, de alto poder adquisitivo. Si bien la falta de otras carencias y la mayor densidad de población y servicios, de dinamismo en la construcción y de tráfico vehicular podría llegar a explicar este destacado segundo puesto en la zona costera, la problemática del ruido se ubicó en el tercer lugar de prioridad en la casi totalidad de las otras zonas estudiadas, incluyendo zonas periféricas de baja densidad y nivel socioeconómico.

Por otra parte, Montevideo no tiene fama de ser una ciudad especialmente ruidosa. De hecho, los indicadores relacionados con ruido que fueron relevados en Montevideo mostraron una situación intermedia en cuanto a su comparación con el ideal buscado a nivel latinoamericano y una buena posición en la comparación con ciudades similares como Panamá, Goiania, Rosario y Bucaramanga.

Entonces, ¿Cómo se puede explicar la gran importancia que los montevideanos le asignan a la problemática ruidos molestos? A simple vista me permito aventurar dos hipótesis, complementarias entre ellas:

i. la bonanza económica experimentada por la ciudad durante la última década ha mejorado la situación de las otras temáticas que compiten con el ruido por la prioridad popular (dejando lugar a la preocupación por temas más “banales”) y a su vez ha aumentado la incidencia de algunos factores determinantes del ruido de la ciudad, como la cantidad de vehículos en circulación y las viviendas en construcción o refacción;

ii. la situación actual de la problemática asociada a ruidos molestos significa un gran cambio relativo respecto a años anteriores, lo que implica un fuerte impacto en la cultura local.

¿Estarán influyendo otros aspectos? ¿Estaremos ante un cambio en las costumbres de horarios, salidas, esparcimiento, etc? Para poder testear las presunciones aventuradas en estas líneas o encontrar cuáles son las razones de este resultado sorprendente sería necesario hacer una profundización de la evolución reciente de esta y otras temáticas asociadas. Mientras tanto, veremos qué resultados obtenemos en las encuestas en proceso en otras ciudades de la ICES, de forma de conocer si estamos ante un fenómeno específico de Montevideo o el ruido es una preocupación compartida por otras ciudades similares de la región.