¿Las contrataciones por clientelismo político siempre tienen consecuencias negativas?

El clientelismo en la gestión gubernamental no necesariamente conduce al enganche de personal incompetente.

El clientelismo figura entre las prácticas políticas  peor vistas, siendo a menudo considerado sinónimo de falta de probidad e incompetencia. Es fustigado por organizaciones cívicas y de desarrollo. Numerosos estudios indican que las dependencias de la administración pública que aplican criterios meritocráticos en la contratación de personal, en lugar de discrecionales, guardan relación con un mayor crecimiento económico, menos corrupción y un mejor desempeño burocrático.

Pero el clientelismo, es decir, la contratación discrecional a cargos gubernamentales, no necesariamente conduce a la selección de personal poco calificado, si los políticos buscan capacidad y talento. El político, tras una victoria electoral, tiene incentivos para buscar entre la gente que conoce a los más destacados que puedan asegurar la competencia en la gestión gubernamental y la realización de las políticas que busca su partido.

La pregunta es qué tan amplio es el clientelismo y qué efectos produce en última instancia en la selección de personal gubernamental. En un estudio realizado por Pedro Forquesato, Juan Cargos Gozzi y yo, concluimos que, una vez electos, alcaldes de municipios de Brasil han tendido a contratar a integrantes de sus propios partidos políticos, pese a la existencia de una muy amplia administración pública formal. Igualmente descubrimos que los alcaldes usan su autoridad discrecional para nombrar a correligionarios altamente capacitados a cargos importantes de la burocracia municipal.

Eso contradice la idea corriente de que los nombramientos discrecionales conducen a la selección de personal poco calificado y sugiere que, a la hora de hacer nombramientos en el aparato burocrático, los políticos valoran tanto la lealtad como la capacidad.

Para entender qué tan extendida es la contratación discrecional y qué implicaciones tiene para el sector público, examinamos todos los municipios de Brasil y analizamos la contratación previamente a dos períodos de gestión municipal, de 2005 a 2008 y de 2009 a 2012, y durante los mismos. La administración pública de Brasil es una de las más grandes y profesionales de América Latina, y más de 70% de los empleados públicos municipales del país son contratados a través de un proceso formal de selección mediante exámenes. Queríamos ver si la contratación discrecional de integrantes del partido político ganador aumentaba o no tras una victoria en las urnas.

Para ello nos concentramos en elecciones que se decidieron por un estrecho margen, comparando la contratación en el sector público municipal de integrantes del partido ganador con la de miembros del partido perdedor. En comicios reñidos, la tolda ganadora y la perdedora eran prácticamente idénticos en muchos aspectos, entre ellos, el número de miembros y su nivel de formación y aptitud. Eso nos permitió descartar esos factores como causantes de las diferencias de contratación entre uno u otro partido y determinar el efecto de una victoria electoral.

Descubrimos que la contratación de miembros del partido aumentó una vez que éste asumió el poder. De hecho, el número de miembros del partido ganador contratados por el gobierno municipal fue casi 75% mayor durante el período de gestión municipal que el de miembros del partido que llegó en segundo lugar. Además, algunos de esos efectos fueron persistentes: el número de miembros del partido ganador empleados en la burocracia era 20% mayor tres años después de la conclusión del período de gestión municipal que antes de su comienzo.

En resumidas cuentas, el clientelismo no solo resultó ser generalizado, sino que además tuvo efectos duraderos que permitieron que los partidos recompensaran a sus correligionarios con puestos de trabajo permanentes.

Sin embargo, eso no condujo a un desmejoramiento de la calidad del personal del sector público. Descubrimos que el personal de bajo nivel contratado por el partido ganador fue equiparable al contratado por el partido perdedor. Y comparando los sueldos y salarios residuales del empleo anterior en el sector privado, de hecho se produjo una contratación mayor de personal de alto nivel.

La mayoría de los países permiten una cierta medida de contratación discrecional en cargos gubernamentales. La cuestión es si dicha contratación conduce o no al enganche de políticos incompetentes o al reclutamiento del personal calificado del que depende una buena gestión gubernamental.

Brasil tiene los mismos problemas de gestión gubernamental al nivel municipal que cualquier otro país. Pero nuestro estudio indica que al menos al nivel de los municipios, que representan 60% del empleo total en el sector público, la contratación discrecional no conduce a la falta de probidad y la incompetencia. Los vencedores efectivamente se quedan con parte del botín: los partidos políticos pueden recompensar a sus partidarios con empleos, con lo que pueden ayudar a mantener la estructura de la organización y mantener su cohesión interna. Pero el gobierno municipal en general sigue funcionando sin problemas.

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El Autor

Fernanda Brollo

Fernanda Brollo

Fernanda Brollo es investigadora visitante en el Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Actualmente es profesora asistente en el Departamento de Economía de la Universidad de Warwick. También se ha desempeñado como investigadora en visita en la Universidad de Harvard (2012) y como profesora asistente en la Universidad de Alicante. Su investigación se centra en la política económica y el desarrollo con el fin de entender cuáles son los motivos del fracaso de los gobiernos, cómo mitigarlo y mejorar la gobernanza local. Ha publicado artículos en importantes revistas académicas, entre ellas American Economic Review, American Political Science Review y Journal of Development Economics. Fernanda obtuvo un Doctorado en Economía de la Universidad de Bocconi en 2010.

1 Comment

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  1. Creo que hay un sesgo muy detectable en el estudio y es que la mayoría de los municipios tienen procesos bien definidos, aun en la ineficiencia de los mismos, por lo que el margen de error se reduce por lo que necesariamente la funcion gubernamental sigue operando pero no implica mejorando. En México por lo menos es así.Pero el amiguismo y compadrazgo y esa “lealtad” mal entendida que raya en la complicidad no ha disminuido la corrupción. Como ejemplo, el Estado de Guanajuato de ser el lugar número 2 en lucha anticorrupción pasó a ser el lugar número 16 cuando se implementó el corporativismo partidista.

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