Políticas creativas para generar derrame de conocimiento en I+D

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La innovación es un motor para la productividad y el crecimiento económico. Lamentablemente, el gasto en investigación y desarrollo para desarrollar y adaptar innovaciones en América Latina es muy bajo, en especial por parte del sector privado. Sin embargo, rica en recursos naturales, humanos y productivos, la región tiene un potencial enorme. Esto llama a los gobiernos a crear condiciones que impulsen no sólo la investigación y el desarrollo (I+D) a nivel de las empresas sino también un derrame de conocimiento dentro de las industrias y en toda la economía.

¿Por qué deberían los gobiernos dar incentivos a las actividades de I+D? Al invertir en I+D, las firmas generan conocimiento. Si pudieran proteger ese conocimiento para mantenerse como las únicas beneficiarias, no habría interés público en promover I+D. Sin embargo, en las economías en desarrollo, las actividades de I+D suelen estar relacionadas con adoptar y adaptar tecnologías de países desarrollados, y por lo tanto son típicamente no patentables. La firma que genera el conocimiento no puede apropiárselo con facilidad. Otras empresas también se pueden beneficiar de este conocimiento, gracias a la movilidad laboral o por simple observación. Si esto es así, la rentabilidad social de la actividad de I+D será mayor que la rentabilidad privada de la empresa que realiza la inversión. Esto es muy positivo para la sociedad pero es negativo desde el punto de vista de la compañía. Por lo tanto, sin intervención gubernamental, la inversión en I+D que trae beneficios para toda la economía será menor al nivel que sería óptimo desde el punto de vista de la sociedad en su conjunto.

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Diseñar la política adecuada para estimular I+D no es una tarea simple. Un blog anterior  explicó los principales pasos que deberían seguir los responsables de políticas para diagnosticar, diseñar, implementar y evaluar políticas de desarrollo productivo (PDP). Una vez que se estableció la necesidad de una PDP, el siguiente paso es crear un diseño a medida para enfrentar la falla de mercado que justifica la intervención gubernamental. Los dos tipos de instrumentos que se utilizan más frecuentemente para estimular las actividades de I+D son los créditos tributarios y los subsidios de tipo “matching grant” (ver “¿Cómo repensar el desarrollo productivo?”). ¿Son buenas soluciones para el problema?

Cuando se trata de incentivar I+D que genere derrames de conocimiento, los subsidios “matching grant” son la mejor opción si se usan con criterio. Estos instrumentos de política son asignados a proyectos específicos elegidos por funcionarios del gobierno y expertos, y deberían priorizar iniciativas que se espera que generen mayores derrames y que no se llevarían a cabo de otro modo, ya que su rentabilidad privada es negativa. Los créditos tributarios, por otro lado, suelen ser genéricos para cualquier actividad de I+D desarrollada por una empresa. La firma decide cómo asignar su presupuesto de I+D según su rentabilidad privada, que tiende a ser mayor cuando los derrames son menores.

El proceso a través del cual se realiza la actividad de I+D también puede ser alentado de formas útiles a través de políticas. La investigación realizada como un esfuerzo colaborativo entre firmas, o entre una firma y una universidad o institución de investigación, podría evitar la duplicación de I+D realizada de forma independiente y mejorar la ecuación de costo-beneficio a favor de la inversión. Es más: ese tipo de iniciativas conjuntas aseguran que el conocimiento se derrame sobre un rango más amplio de empresas. Por ejemplo, el programa de I+D PROPYME en Costa Rica da incentivos a proyectos en los que colaboran firmas y centros de investigación.

La difusión de conocimiento de I+D es otra característica importante para tener en cuenta en el diseño de PDP. El estímulo a la difusión de este conocimiento puede incorporarse al diseño mismo de los instrumentos de política. Por ejemplo, cuando se le da un impulso a un empresario pionero que asume el riesgo de adoptar una nueva tecnología que no existe en un país, el subsidio puede estar sujeto a que el beneficiario se involucre en actividades de difusión, como invitar a otras firmas de la misma industria a conocer la experiencia con la nueva máquina. En Argentina, una empresa que integra el cluster de equipos eléctricos de la municipalidad de Lanús, provincia de Buenos Aires, recibió un subsidio para comprar maquinaria para hacer ensayos de equipos eléctricos. El subsidio estuvo sujeto a una condición: la firma debía poner a disposición el equipo para que personal de la Universidad Tecnológica Nacional capacitara a trabajadores y técnicos de otras compañías del cluster.

La propuesta del BID de 2014 para un subsidio a exportadores pioneros (“¿Cómo repensar el desarrollo productivo?”) es otro ejemplo de incorporar un estímulo a la difusión en el diseño de la política. Este instrumento busca atender una falla de mercado que Hausmann y Rodrik llamaron “el problema del autodescubrimiento”. Los autores señalaron que desarrollar una nueva actividad de exportación competitiva—y, en el proceso, “descubrir” que el país tiene ventajas comparativas para su producción—requiere de una experimentación costosa. Como se explicó antes, esta inversión podría no rendir sus frutos aún si el pionero tiene éxito, ya que otros podrían imitarlo y compartir los beneficios. El “descubrimiento” de los arándanos en Argentina ilustra este problema. En este caso, el pionero tuvo que hacer una inversión considerable para averiguar si Argentina podía ser competitiva en este sector. Finalmente descubrió algo valioso: debido a su suelo, el país podía cosechar los arándanos un mes antes que sus competidores. Esto le permitió ser el único proveedor en ofrecer sus producción en EE.UU. durante la contraestación, y así obtener precios muy elevados. Muy pronto, los productores de arándanos comenzaron a multiplicarse en Argentina, y tan sólo unos años después el pionero exportaba sólo 5% del total del sector. Si muchos aspirantes a pioneros vislumbran este tipo de perspectivas y deciden no innovar, las oportunidades de transformación económica quedarían desperdiciadas.

¿Cuál es la mejor forma de diseñar una política que atienda esta falla de mercado? Una propuesta del BID explicada en “¿Cómo repensar el desarrollo productivo?” sugiere otorgar un subsidio al exportador pionero de un producto nuevo sólo si tiene seguidores que se beneficien de los derrames. De esta forma, este diseño incentiva al pionero no sólo a invertir sino también a difundir el descubrimiento, ya que se beneficia de las exportaciones de los demás.

De forma similar a como la creatividad y la I+D tienen un rol en la innovación, la creatividad y el ingenio de un gobierno para diseñar políticas a medida de las necesidades de sus industrias y sus sociedades pueden inclinar la balanza a favor de la productividad y el crecimiento económico en América Latina.

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El Autor

Eduardo Fernández-Arias

Eduardo Fernández-Arias

Eduardo Fernández-Arias es Asesor Senior del Departamento de Investigación (RES) y Coordinador de la Red de Estabilidad Financiera y Desarrollo de los Bancos Centrales del Sur. Anteriormente fue Asesor Económico Regional del Departamento del Cono Sur, y antes de ingresar al BID fue investigador en el Departamento de Economía Internacional en el Banco Mundial. El Dr. Fernández-Arias es uruguayo y tiene un doctorado en Economía y una maestría en Estadística de la Universidad de California, Berkeley. Sus principales intereses incluyen: integración financiera y flujos de capital, productividad y desarrollo económico, y crisis financieras. Ha escrito y publicado extensamente en revistas como el Journal of International Economics y el Journal of Development Economics. El Dr. Fernández-Arias ha dirigido numerosos proyectos de investigación multipaís, editado varios libros, el más reciente es la publicación insignia del BID: Desarrollo en las Américas (DIA) 2014: ¿Cómo repensar el desarrollo productivo?. Actualmente es Editor Asociado de Economía (LACEA).

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