Prociclicalidad fiscal: ¿Mala suerte o malas decisiones?

ProcicaliPor Leopoldo Avellan y Guillermo Vuletin*

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¿Alguna vez le ha pasado que  por mediados de año, cuando revisa las cuentas del hogar y se da cuenta que su ingreso no es el que esperaba, tiene entonces que aplazar ese auto que había planificado comprar, desistir de esas vacaciones que había prometido a su familia, y hasta cambiar a los chicos del colegio que pensó que podía pagar? Seguramente una decisión de esta naturaleza no cayó bien en casa.  Imagine ahora que esta situación se repite cada año. Sus hijos pueden decir que hay un problema de sobreoptimismo de su parte, y que por eso nunca puede hacer lo que promete, y que termina revisando sus gastos a la baja porque sobrestima sus ingresos. En su defensa usted puede argumentar que no es su culpa, que es muy difícil proyectar los ingresos y que usted no esperaba que los mismos se reduzcan. O tal vez, puedan decirle que este recorte sistemático de gasto cuando se reducen sus ingresos es a propósito. Usted puede argumentar que esta última acusación es injusta, porque considera información sobre sus ingresos que usted no tenía cuando hizo el plan original de gasto, y que lo deberían en realidad evaluar usando la información en el tiempo real disponible al momento de planificar.

Esta misma situación la padecen los gobiernos, con el agravante que este puede hacer las cosas mucho peores si justo recorta el gasto cuando la economía está cayendo, o puede hacer la situación más exuberante si incrementa el gasto cuando la economía esta boyante. Esta particularidad en el gasto del gobierno -prociclicidad- esta empíricamente establecida para los países en desarrollo y existen una serie de explicaciones para la misma. Al igual que en el ejemplo anterior de las familias, y en favor de los que toman las decisiones de gasto, el sobreoptimismo y la sugerencia de uso de datos en tiempo real han aparecido como explicaciones recientes para este problema. Estos argumentos han tendido últimamente a ganar mucho terreno entre académicos y hacedores de política en virtud de las numerosas revisiones sobre crecimiento que la mayoría de las economías del mundo han tenido desde la llamada Crisis Global de 2008.

La hipótesis del sobreoptimismo señala que la política fiscal termina siendo procíclica, no porque los hacedores de políticas así lo quieran, sino porque predecir correctamente el crecimiento económico es difícil. La idea es que en principio, al momento de formular los planes de gasto, el optimismo invita a creer que el crecimiento económico será mayor, entonces se plantea un programa de mayor gasto.  Una solución a este problema es el diseño de mecanismos para contar entonces con los mejores pronósticos posibles para el crecimiento económico.

La hipótesis de la información en tiempo real, en cambio indica que en realidad los hacedores de políticas son en el fondo contracíclicos al momento de diseñar la política fiscal. Sin embargo, ajustes posteriores a raíz de las fluctuaciones económicas inesperadas dan la falsa impresión de prociclicidad. De esta manera, se es “injusto” al juzgar al funcionario público por algo en lo que en realidad no tenía control ni anticipaba al planificar la política fiscal.

En un estudio reciente Avellan y Vuletin muestran que ni la ingenuidad para predecir el producto (sobreoptimismo), ni una evaluación injusta de las decisiones de gasto que no incorporen la información de tiempo real puede explicar la prociclicalidad fiscal en los países en desarrollo. Lo que en realidad importa son las instituciones que influyen en como las economías manejan el gasto público con relación a fluctuaciones sorpresivas del producto.

Primero, el sobreoptimismo en sí mismo no indica nada sobre la prociclicalidad de la política fiscal. Lo que determina si el gasto es procíclico no es por lo tanto la precisión de la predicción en el crecimiento económico, sino que exista una relación sistemática positiva entre el gasto y el componente sorpresa del crecimiento del producto. Por ejemplo, si uno examina los datos, encuentra que tanto los países industriales como los que están en vías de desarrollo tienen en promedio el mismo “sobreoptimismo,” sin embargo, los países industriales no son procíclicos como los países en vías de desarrollo, porque es en estos últimos donde el gasto público se mueve a la par del crecimiento sorpresa.

Segundo, en cuanto a la injusticia de no usar la información disponible para el formulador de políticas, tampoco es este es el caso. Dado que los países son procíclicos al final, la única forma que los hacedores de políticas sean contracíclicos inicialmente cuando formulan la política fiscal, es si existiese una relación sistemática positiva entre el gasto y el componente sorpresa del crecimiento del producto. O sea si se comportan procíclicamente con relación al crecimiento económico sorpresa. ¿Como entonces se puede ser tan virtuoso en el momento de planificar el gasto, pero luego caer en la trampa de hacer que el gasto se mueva a la par del crecimiento sorpresa?

Entonces si ni la hipótesis del sobreoptimismo ni la del uso de información en tiempo real parecen ser validas, cual es la diferencia entre fundamental que hace que los países en desarrollo sean procíclicos mientras que sus contrapartes industriales no lo sean? Son precisamente las instituciones fuertes y argumentos de economía política los que determinan como se relaciona el gasto con las fluctuaciones sorpresivas del crecimiento económico.  La evidencia sugiere que los índices de calidad institucional y de balances de poder (pesos y contrapesos) son  el meollo de cómo se maneja la política fiscal frente a cambios no anticipados en el crecimiento.

En otras palabras, aunque las acciones encaminadas a mejorar la capacidad para pronosticar el producto y reducir el sobre optimismo son importantes, los esfuerzos orientados a apoyar la independencia de las diferentes ramas gubernamentales, la calidad de la burocracia y la eficacia del gobierno están en el núcleo de reducir la prociclicidad de la política fiscal. En otras palabras, los hacedores de política en vez de pedir mejores proyecciones deberían demandar mejores instituciones.

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Leopoldo Avellan: Profesor de Economía Facultad de Economía y Negocios (FEN) y Escuela de Postgrado en Administración de Empresas (ESPAE) ESPOL. Director del Centro de Investigaciones Económicas (CIEC) de la ESPOL. Ha sido consultor del BID, Economista del Banco Central, y también se desempeña como consultor empresarial.  Ph.D. en Economia, Universidad de Maryland (2005) Master en Economía, Universidad de Maryland (2002) Master en Economía, Universidad Pompeu Fabra, Barcelona (2000) Economista, ESPOL, 1998

Guillermo Vuletin : Residente en el Programa de Economía y Desarrollo Global de la Brookings Institution,  economista visitante en el Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo y profesor visitante en la Escuela Johns Hopkins de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS).  Doctorado en Economía por la Universidad de Maryland en 2007.  Licenciatura y maestría en Economía en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Su investigación se centra en las políticas fiscales y monetarias con un interés particular en política macroeconómica de los países emergentes y en desarrollo. Su trabajo ha sido publicado en The Economist, The Financial Times y The Washington Post.
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El Autor

Research Department

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  1. Me parece muy pertinente el estudio,ya que ese es el caso de países cuya fuente principal de ingresos depende única y exclusivamente de ya sea de materias primas y/o de productos agrícolas cuyos precios se determinan en los mercados internacionales.En este sentido,el caso de Venezuela resulta muy sui generis con el petróleo…

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