Ante falta de agua, lluvia de ideas.

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El estado de California en los Estados Unidos atraviesa por uno de los períodos de sequía más significativos durante, al menos, los últimos 4 años lo cual se traduce en serios problemas de disponibilidad de agua. Los especialistas no han podido determinar las razones de esta situación extrema, ni tampoco han podido llegar a acuerdos sobre las mejores soluciones posibles ante este escenario.

No obstante, parece que las medidas que se han tomado hasta el momento van en la dirección correcta: aumento de precios y masificación de campañas de concientización que fomenten un uso más racional del servicio. Las campañas incluyen información sobre cómo disminuir el consumo en los hogares, o bien incorporar plantas y jardines que necesiten menor cantidad de agua para subsistir, tan sólo por mencionar algunas de las ideas. Todo esto está siendo acompañado con websites informativos, una activa presencia en redes sociales -con casi 20 mil seguidores en la cuenta de Twitter @saveourwater–  televisión y radio.

California agua

¿Qué se puede esperar de estas campañas? ¿Qué hemos aprendido de la evidencia que hemos desarrollado en América Latina? Parte de la historia la contamos en nuestra nota “Mejores Campañas para mejores Conductas” donde nos preguntábamos ¿De qué manera pueden los gobiernos orientar a la gente para que tome decisiones que mejoren su bienestar?

Por un lado, argumentábamos que el aumento de precios puede ayudar a reducir el consumo de energía, como demostramos en un estudio del BID analizando el caso del precio del gas natural en Argentina.

Por otro lado,  sugeríamos que la utilización de “nudges” o pequeños empujones podían ayudar a que la gente tuviera en cuenta los efectos de sus decisiones en su bienestar y en el de los terceros, e incluso se mostraba como campañas informativas en materia tributaria podían ayudar a que la gente pagase más impuestos. No obstante, hacíamos hincapié en que para que estos mensajes tuviesen efecto, tenían que estar bien diseñados, es decir, ser convincentes, dar un mensaje relevante, claro y de manera concisa.

En el área de conservación de energía, el uso de nudges se ha generalizado como complemento al aumento de precios. Hoy en día resulta común, por ejemplo, que las facturas de los servicios públicos incluyan no sólo el consumo del individuo, sino también el consumo de los vecinos, y el consumo de aquéllos vecinos que utilizan más conscientemente el servicio.

FOTOS AGUA

De esta manera, los consumidores tienen la capacidad de evaluar si están consumiendo más de lo que deberían. Asimismo, la comparación incluye también una evaluación por parte de la compañía de una manera gráfica y sencilla, que tiende a reforzar la información cuantitativa.

Con el propósito de reducir el consumo de agua en nuestra región, un grupo de investigadores implementó en Costa Rica  el uso de estampillas, que se añadían a la factura del agua, los cuales indicaban si el consumidor había estado por encima o por debajo del consumo de agua del promedio del barrio. Aquéllos con consumo por debajo del promedio recibían una estampilla de color verde, con una gota de agua con “carita feliz,” mientras que los que tenían un consumo por encima del promedio recibían una estampilla en rojo, con una “carita triste”. Con esta intervención se logró una disminución del consumo en alrededor del 5%.

La evidencia parece indicar que tanto los mensajes, como el aumento de precios tienen un efecto pero ¿qué mecanismo resulta más eficaz y sostenible?

En un artículo reciente  se evalúa el impacto diferencial que tienen los mensajes que apelan a la consciencia moral de los individuos y los precios. Los autores dividieron a los consumidores de una prefectura de Japón en tres grupos. Al primer grupo le enviaron mensajes que apelaban a un consumo menor de energía; al segundo grupo se le cargaron precios diferenciales durante las horas pico de consumo de energía, y al tercer grupo se le mantuvo como control. Estas intervenciones fueron repetidas en el tiempo. Los resultados indican que aquéllos que recibieron el mensaje redujeron su consumo en un 8 por ciento aproximadamente en el corto plazo, pero el cambio de consumo no fue duradero. El cambio de precios creo un efecto mayor (entre un 14 y 17 por ciento de reducción) y más duradero (se mantuvo a lo largo de las intervenciones).

¿Cuál es la mejor solución para California? ¿Cómo se puede lograr mejoras sostenibles en el uso de los recursos? Todavía hay mucho camino por recorrer e investigaciones a ser realizadas, principalmente comparando los resultados de distintos mecanismos entre sí. Lo que sí sabemos hasta ahora, y lo resaltamos en la nota anterior, es que tanto los precios como los “nudges” pueden ser efectivos en modificar comportamientos; pero la efectividad de las políticas públicas depende en gran medida en su diseño. No todas las políticas tienen los efectos esperados. La discusión sobre el caso de California también nos indica que es muy importante hacer una diagnóstico exhaustivo de la situación para poder entender el alcance potencial de cada política pública. Ante falta de agua, lluvia de ideas.

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El Autor

Carlos Scartascini

Carlos Scartascini

Carlos Scartascini es líder del Grupo de Economía del Comportamiento del BID y líder técnico principal del Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo. Actualmente se enfoca en expandir el uso de la economía del comportamiento en el BID y en dirigir muchos experimentos de campo con gobiernos en América Latina y el Caribe. Su investigación actual se centra en el papel de los mensajes y los métodos de comunicación para afectar el comportamiento y la demanda de políticas públicas. Además de la economía del comportamiento, sus áreas de especialización incluyen economía política y finanzas públicas. Ha publicado siete libros y más de 35 artículos en volúmenes editados y revistas especializadas. Es editor asociado de la revista académica Economía. Un nativo de Argentina, el Carlos tiene un Ph.D. y un Máster en Economía de la Universidad George Mason.

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