¿Clases de Tango para Grecia?

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¿Se encuentra Grecia dispuesta a no cumplir con el pago de su deuda? ¿Qué sucederá cuando su programa de rescate expire a final de mes? ¿Dejará de pertenecer a la zona euro? Los analistas en todo el mundo apuestan por una “Grexit”, entre ellos el ex Presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, que señaló que “es sólo una cuestión de tiempo” para que los países de la zona euro, liderados por los alemanes y su conservadurismo fiscal, y el gobierno izquierdista de Syriza en Grecia tomen rumbos diferentes.  Sin embargo, no tiene por qué suceder de esa manera.  Quizá haya una manera de conservar a Grecia en la zona euro y resolver sus problemas de competitividad subyacentes.  Paradójicamente, puede que Grecia tenga que aprender una lección, no de sus vecinos europeos ni de Estados Unidos sino de un maestro más bien improbable: Argentina.

¿Qué pueden enseñar los argentinos a los griegos, aparte del tango? Los argentinos saben no poco acerca de la devaluación fiscal, que podría ser una manera de abordar el problema de la falta de competitividad que inhibe el crecimiento económico de Grecia.  La devaluación fiscal ofrece una alternativa a la devaluación de la moneda sin el riesgo de la inflación.

¿Qué es la devaluación fiscal? Fahri, Gopinath e Itskhoki (2011) la definen como una combinación de políticas fiscales unilaterales que provoca la misma asignación real que una devaluación nominal, pero sin modificar el tipo de cambio nominal.  Es interesante señalar que Argentina realmente llevó a la práctica estas políticas antes de que su propia crisis estallara a finales de 2001/2002 a través de una serie de “planes competitivos” sectoriales que contribuyeron a disminuir los costos laborales en ciertos sectores económicos, permitiendo a las empresas y corporaciones pagar las contribuciones sobre las nóminas contra el IVA.  Además, el gobierno argentino impuso una tarifa uniforme a las importaciones de bienes finales que era transferida a los exportadores.  Desafortunadamente, Argentina no logró evitar la crisis.  Como en el tango de Gardel, sin la música la letra sería sencillamente un poema más, no un tango.  En Argentina, la devaluación fiscal no funcionó porque posiblemente era “demasiado pequeña” y sin duda llegó “demasiado tarde”.  Además, su sistema tributario era deficiente y agotó su financiamiento cuando el FMI retiró su apoyo a finales de 2001.  Sin financiamiento, las devaluaciones fiscales no pueden tener éxito.

Sin embargo, Grecia tiene algo que Argentina no tenía que podría permitir que una devaluación fiscal tenga éxito.  Grecia (todavía) cuenta con el apoyo crucial del sistema del euro, que daría a estas políticas el tiempo necesario para que funcionen.  Numerosos observadores sostienen que se debería relajar las políticas de austeridad fiscal (impuestas como parte del paquete de rescate) para permitir que se recupere el crecimiento.  Desde luego, puede que la austeridad fiscal en esta coyuntura sea contraproducente.  Sin embargo, la pregunta es qué debería hacer Grecia si se relajan los estrictos objetivos fiscales.  El aumento de los gastos corrientes, como sugieren algunos observadores, podría agravar el problema de competitividad que tiene Grecia.  Además, ese tipo de relajación fiscal quizá no sea aceptable para los prestamistas (y para sus grupos de apoyo políticos) en los principales países europeos.  Sería más conveniente utilizar el espacio fiscal -si es posible crearlo- para abordar una devaluación fiscal.  Podría ser más tolerable políticamente para los prestamistas y podría ayudar a Grecia a encontrar una manera de resolver su problema de competitividad y, a la vez, evitar el Grexit.

La devaluación fiscal no es sólo una idea inacabada más nacida de la desesperación para encontrar una solución a las dificultades griegas.  Hay un sólido respaldo académico de la teoría.  Además, un estudio del BID señala que Europa podría aprender unas cuantas lecciones de América Latina.

En el caso de Grecia, la pregunta relevante es: ¿qué grado de devaluación fiscal se requeriría para alcanzar la reducción necesaria de los costos laborales para restaurar la competitividad? Se trata de un aspecto clave que ha recibido cierta atención en los foros de debates, pero que no forma parte actualmente de los debates serios sobre las políticas en Europa.  La efectividad de una devaluación fiscal se vería fortalecida si los países relativamente más competitivos de la Unión Europea aplicaran medidas opuestas (revaluaciones fiscales) para fortalecer la competitividad.  Si bien puede que esto sea pedir demasiado de los países de la zona euro, cautelosos ante la recesión, es preferible a la alternativa, a saber, una salida desordenada de Grecia del euro sin pagar la deuda y con el riesgo de contagio.  Por lo tanto, es necesario evaluar seriamente la devaluación fiscal como una posible estrategia para que Grecia vuelva a la pista de baile europea.

Para mayor información visita:  Is the Eurozone on the Mend? Latin American Examples to Analyze the Euro Question

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El Autor

Eduardo Cavallo

Eduardo Cavallo

Eduardo Cavallo es actualmente economista investigador del Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington DC. Antes de reincorporarse al BID, Eduardo era vicepresidente y economista principal para América Latina de Goldman Sachs en Nueva York. Eduardo estuvo incorporado al BID como economista de investigación entre 2006 y 2010. Anteriormente, se desempeñó como investigador en el Centro para el Desarrollo Internacional (CID), investigador visitante en el Banco de la Reserva Federal de Atlanta y miembro del cuerpo docente del programa de verano de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy. En Argentina, fue cofundador de la Fundación Grupo Innova. Sus intereses de investigación se centran en los campos de las finanzas internacionales y de la macroeconomía, con énfasis en América Latina. Ha publicado en varias revistas académicas y es coeditor del libro del BID “Dealing with an International Credit Crunch: Policy Responses to Sudden Stops in Latin America” (Lidiar con una restricción del crédito a nivel internacional: políticas de respuesta a paradas súbitas en América Latina). Tiene un doctorado en Políticas Públicas, una maestría en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard y una licenciatura en Economía de la Universidad de San Andrés (UdeSA), en Buenos Aires, Argentina.

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