Cómo mantener a los niños en la escuela

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Por Marina Bassi y Matias Busso

Cada año decenas de miles de jóvenes latinoamericanos abandonan la escuela para aceptar trabajos poco calificados. Menos del 50% de los jóvenes en Latino América concluyen la educación secundaria, lo cual,  no sólo representa un severo obstáculo para los individuos, destinados posiblemente a vivir una vida de trabajo de mala calidad, sino que también constituye un severo lastre para la región en su capacidad para innovar, generar tecnologías y disfrutar de un crecimiento económico sólido y sostenido. ¿Qué se puede hacer?

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Indiscutiblemente, se ha logrado mucho. En promedio, cada grupo de edad en América Latina desde el siglo XX ha experimentado un crecimiento en el porcentaje de graduación en la educación primaria y secundaria comparado con las generaciones anteriores. Por otra parte, el aumento del porcentaje de graduación es impresionante, por ejemplo en el caso de la escuela secundaria, el promedio pasó de ser el 12% para las personas nacidas en 1930 a un 49% para las personas nacidas en 1980, con un mayor número de estudiantes graduándose a tiempo.

Los gobiernos merecen parte del crédito por este repunte: Han aumentado considerablemente el gasto en educación primaria y secundaria. Argentina y Brasil, con el 37% y el 66% de incremento del gasto en educación por encima del PIB per cápita desde 1990 hasta 2010, han llegado incluso a niveles de gasto relativos comparables a los de los países más altos de desempeño en las evaluaciones internacionales de estudiantes, de acuerdo con un estudio del BID de 18 países en América Latina durante ese período.

Otras decisiones de política pública han ayudado también. Los programas de transferencias condicionadas, que proporcionan el dinero del gobierno a las familias que mantienen a sus hijos en la escuela, han ampliado las oportunidades de educación, especialmente para los pobres. Algunos países, como Argentina y Colombia, han descentralizado sus sistemas escolares, para que puedan ser ajustados a las necesidades locales. Y muchos países han extendido los años de educación obligatoria.

Aun con estos logros, desde otra perspectiva, el panorama de la educación en América Latina no es tan promisorio. Las tasas de graduación en escuelas secundarias de América Latina siguen rezagadas con respecto a la mayoría de los países desarrollados y además representan una desventaja para los países de la región en su intento por competir con las economías avanzadas.

Una de las principales causas del problema se produce en el momento crítico cuando los estudiantes terminan la escuela primaria y comienzan la escuela secundaria. Es durante esta transición, cuando la mayoría de los estudiantes tienen alrededor de 14 años de edad, que el costo de oportunidad para los estudiantes que siguen en la escuela se aumenta. Si los estudiantes pueden dejar la escuela para ayudar a sus familias, trabajando en plantaciones, en el comercio, o la construcción, deben existir incentivos compensatorios para convencerlos de continuar estudiando, sobre todo cuando existe una fuerte demanda local de mano de obra poco calificada.

Una solución consiste en mejorar la educación y la política educativa en el nivel primario para reducir el número de estudiantes que se quedan atrás, que tienen que repetir grados y que por lo tanto son demasiado grandes cuando llegan a la escuela secundaria.

Mejorar la educación en el nivel secundario es también crítico. Los países latinoamericanos han reforzado la cobertura de la escuela secundaria, de manera que hoy casi tres cuartas partes del grupo en edad de secundaria asiste a clases. Sin embargo esta mejora en la cobertura no se ha traducido en una mejora en la calidad. En 2012, ocho países de América Latina participaron en PISA – el examen internacional que mide las competencias básicas en matemáticas, lenguaje y conocimiento de la ciencia. Sus puntuaciones fueron muy por debajo del promedio de la OCDE y en el tercio inferior de los 65 países participantes. Un impresionante 50% de los estudiantes de América Latina, por ejemplo, no pudo alcanzar el nivel mínimo de lectura.

Esto significa que los estudiantes de América Latina no poseen las habilidades cognitivas requeridas por el mercado laboral. También están atrasados en habilidades técnicas específicas del sector, y quizás lo más importante, en habilidades socioemocionales, tales como la capacidad de trabajar en equipo, interpretar correctamente instrucciones de supervisores, y ofrecer un servicio respetuoso a los clientes. De hecho, en una encuesta del BID en 2010 en Argentina, Brasil y Chile, más del 85% de las empresas dijeron que tenían dificultades encontrando graduados de escuela secundaria con las habilidades que necesitaban.

Esto crea un círculo vicioso. Las empresas se resisten a contratar graduados de la escuela secundaria sin preparación; los estudiantes de secundaria, viendo sus perspectivas de empleo poco alentadoras, dudan si graduarse los ayudara a encontrar algún trabajo bien remunerado.

En un estudio recientemente concluido en Chile, los investigadores encontraron que el informar a los estudiantes sobre la ayuda financiera para la educación terciaria, aumentó la probabilidad de que se inscribirían en la educación secundaria. En otro estudio realizado en la República Dominicana, los alumnos estudiaron más años en la escuela cuando les comunicaron que sus estudios extendidos les resultarían en salarios más altos.

Los estudiantes, en otras palabras, tienen más probabilidades de mantenerse en la escuela si piensan que les representará una ventaja económica: Reaccionan a las ganancias percibidas. Pero esos intereses mejorarían enormemente si la educación secundaria se fortaleciera en América Latina con mejores profesores, clases más pequeñas, tecnología más sofisticada y materiales de instrucción, y un mayor énfasis en las habilidades denominadas como “blandas” o socioemocionales que facilitan a los jóvenes a ser más atractivos para los empleadores en el mercado laboral del siglo XXI.

 Ver: Bassi, Busso y Muñoz, 2014 y Bassi, Busso, Urzúa, y Vargas, 2012 para más información.

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