Una desventaja comparativa para los emprendedores en América Latina

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La realidad de los emprendedores en América Latina no se parece en nada a la de otras regiones: empezando por el tamaño –la mayoría de las empresas son micro o pequeñas- y terminando por la motivación –los emprendedores son lo que son más por “necesidad” que por “oportunidad”.  Además de estos rasgos, los emprendedores tienen escaso apetito por el riesgo y la innovación, lo cual, sumado a la disponibilidad limitada de capital humano, produce empresas menos complejas e innovadoras que sus contrapartes europeas o asiáticas.

Basándose en una encuesta destinada a estudiar el proceso emprendedor de empresas nuevas y dinámicas en países seleccionados de América Latina (Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, El Salvador, México y Perú) y países en otras regiones (el este asiático y la Europa mediterránea), Kantis, Juan y Trajtenberg revelan las diferencias entre iniciativas empresariales en estas regiones, centrándose en los emprendedores de clase media, que son el 55% del total.

Los emprendedores de clase media en América Latina tienen menos recursos y capacidades que sus contrapartes de clase alta, que han adquirido más experiencia comercial en una etapa temprana a través de sus familias y de la educación universitaria.  De la misma manera, comparados con otras regiones, los emprendedores de clase media en América Latina están menos expuestos al mundo empresarial y a los modelos empresariales que fijan las pautas.  Esta falta de exposición redunda en una mayor dependencia de las redes de apoyo, que no es lo apropiado para promover la actividad empresarial.

El acceso al financiamiento es una de las restricciones más importantes cuando se crea una empresa.  El tiempo transcurrido entre el momento en que se concibe una idea empresarial hasta que se establece la primera empresa es de 4,4 años en América Latina, comparado con 1,5 años en Corea, 2,4 años en Taiwán y China, y 3,4 años en Italia y España.  Los emprendedores de clase media en otras regiones sufren menos limitaciones para financiar una empresa nueva que sus pares en América Latina.  A pesar de que los ahorros personales siguen siendo la principal fuente de financiamiento en todas las regiones del mundo, el acceso a recursos externos es más difícil en América Latina y proporciona una plataforma más débil para la creación de empresas.  En Italia, España y Corea, los emprendedores de clase media recurren a la banca privada bastante más que en América Latina.  El apoyo público también es más accesible en otras regiones.

Debido a estas limitaciones en el acceso al financiamiento, además de los altos costos de transacción y a la falta de una formación continua para los emprendedores, el tejido empresarial de la región no es capaz de crear empresas dinámicas que contribuyan al crecimiento, a la diversificación industrial y a la movilidad de los ingresos.

En América Latina estas empresas tienden a basar sus ventajas competitivas en la diferenciación de los productos (56%).  Los precios más bajos y las estrategias de innovación son mucho menos frecuentes (27% y 38%, respectivamente) pero el contraste es más visible en relación con empresas de otras regiones.  En Taiwán y España, las empresas creadas por emprendedores de clase media tienden a ser más innovadoras (70% y 54%, respectivamente).  Dos terceras partes (66%) de las empresas creadas por emprendedores de clase media en América Latina tienden a insertarse en sectores tradicionales, como la metalurgia, el mueble, la alimentación y el sector textil, y son menos dinámicas en lo relativo a exportaciones y creación de empleo.

Estas conclusiones ofrecen ideas para que las políticas fortalezcan la contribución de la iniciativa emprendedora de la clase media al crecimiento económico, y su objetivo es mejorar:

  • La educación: Los procesos para desarrollar capacidades empresariales deben ser promovidos en todos los niveles del sistema educativo (desde la escuela primaria y secundaria, y posteriormente) como una manera de superar las desventajas asociadas con el origen social al comienzo de la carrera de un emprendedor.  En la universidad, esto significa promover el espíritu empresarial entre los estudiantes de las instituciones públicas, a las que la clase media suele recurrir con más frecuencia.
  • La asistencia técnica.  Una plataforma institucional para la asistencia técnica puede apoyar los proyectos empresariales.  Esta plataforma podría ayudar a todos los emprendedores, pero podría ser especialmente útil para contrarrestar las desventajas a las que se enfrentan los emprendedores de clase media, comparados con sus pares en una clase social más alta o en otras regiones.
  • Las redes.  Las estrategias para desarrollar redes de emprendedores puede ser un instrumento para superar las desventajas potenciales que enfrentan los emprendedores de clase media.  Los contactos y las relaciones más estrechas con los propietarios de las PyMEs y los ejecutivos de grandes empresas son clave para crear empresas nuevas y dinámicas.
  • El financiamiento.  El acceso al financiamiento es la clave de cualquier esfuerzo para ofrecer igualdad de oportunidades para que los emprendedores de clase media inicien un negocio.  Concretamente, se requiere un capital empresarial junto con mecanismos que vehiculen este financiamiento hacia los emprendedores que lo necesitan.

 

Francesca Castellani es economista en el Departamento de Paises del Grupo Andino del Banco Interamericano de Desarrollo. Es coeditora con Eduardo Lora del libro Entrepreneurship in Latin America: A Step up the Social Ladder?.

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El Autor

Francesca Castellani

Francesca Castellani

Francesca Castellani se desempeña como Economista Principal en la Oficina del Vice Presidente de Países del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington DC. Ha sido también Economista Líder de la Gerencia de los Países Andinos en Washington DC, y Economista de país en la Oficina del BID en Bogotá. Francesca ha trabajado en la OCDE en París, en el Banco Mundial en Washington DC y la UNCTAD en Ginebra, Suiza. Es economista de la Universidad Bocconi de Milán con una maestría y un doctorado en economía de la Universidad de Ginebra, Suiza.

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