¿Por qué necesitamos empleos para crecer?

En la primera década del siglo XXI, América Latina y el Caribe vivió una etapa de bonanza, que se vio reflejada en un mayor crecimiento económico y en la reducción de la pobreza. Este fenómeno se explica, por una parte, gracias a un mejor manejo macroeconómico y, por otra, por el boom de las materias primas, que benefició a los países de la región exportadores netos de alimentos, petróleo y minerales. Que esto no se viera acompañado por mejoras en la productividad de los países, ahora que las predicciones de crecimiento son menos prometedoras para la región, pone de manifiesto la fragilidad de los avances e, incluso, la posibilidad de que se reviertan.

Desde 2009 la región enfrenta un contexto internacional desfavorable. Si bien al comienzo de la crisis se observaron aumentos en las tasas de desempleo, en pocos años estas volvieron a los niveles anteriores. Sin embargo, los problemas del mercado laboral de América Latina y el Caribe van más allá de la tasa de desempleo, que en la región es baja porque los desempleados consiguen nuevos puestos de trabajo rápidamente, aunque en muchos casos se trata de empleos con menores salarios o beneficios, usualmente en el sector informal. En Empleos para crecer, una nueva publicación del Banco Interamericano de Desarrollo, se identifica que, a pesar del crecimiento económico, los mercados laborales de la región se siguen caracterizando por un binomio de alta informalidad y elevada inestabilidad del empleo.

Aun cuando durante la última década se generó empleo formal en América Latina y el Caribe, la informalidad sigue siendo una realidad para más de la mitad de los trabajadores. Asimismo, en promedio, el 25% de los trabajadores de la región lleva menos de un año en su empleo, y aproximadamente un tercio de los trabajadores que estaban en una empresa en un momento dado no se encuentra en este mismo empleo al cabo de un año. Estas elevadas tasas de rotación laboral hacen que muchos trabajadores pasen por el desempleo en un momento u otro, lo que implica en muchos casos pérdidas de ingresos y salarios con importantes costos de bienestar, una realidad agravada por la escasa protección contra el desempleo que existe en los países de la región.

Empleos para crecer presenta evidencia nueva que ayuda a entender algunos de los factores que hoy limitan el desempeño de los mercados laborales. Para que se cree un empleo formal (sujeto a los beneficios y protecciones que establece la ley) se deben dar las condiciones apropiadas. Sin embargo, el costo de contratar a los trabajadores formalmente en la región en relación con su productividad es alto. El costo mínimo de contratar a un trabajador asalariado formal representa, en promedio, un 39% del producto interno bruto (PIB) por trabajador, cifra que en algunos países llega al 70% e incluso supera el 100%. No es sorprendente que los países con mayores costos salariales y no salariales (relativos a su productividad) sean aquellos que presentan una menor proporción de trabajos formales y una mayor proporción de trabajadores no asalariados. Por otro lado, en algunos países de la región, los empleos informales son de facto subsidiados a través de un conjunto de programas de aseguramiento social (mal llamados no contributivos).La combinación de impuestos a la formalidad y subsidios a la informalidad es exactamente opuesta a lo que la región necesita.

Esta falta de capacidad para generar trabajo formal convive con una alta rotación, que hace que los trabajadores cambien mucho de empleo (y transiten muchas veces entre la formalidad y la informalidad). En general, esta rotación no se traduce en una trayectoria laboral ascendente, de acuerdo con la cual el trabajador deja un empleo por otro mejor, o un empleo informal por otro formal. Como recoge el citado libro, los bajos niveles de capacitación dentro de las firmas, unidos a la corta duración de los trabajos, afectan directamente la capacidad de acumulación de capital humano y la capacidad del trabajador y de la empresa de ser más productivos conjuntamente. Ante esta situación, el Estado puede cumplir un rol relevante a través de la implementación de políticas laborales que generen los incentivos correctos de inversión en capital humano, lo cual conduciría a un aumento de la productividad y de los empleos formales.

Empleos para crecer presenta también los instrumentos de política existentes en la región, agrupándolos según su objetivo: promover la inserción y reinserción laboral efectiva, e impulsar la estabilidad laboral productiva. Existe en América Latina y el Caribe una batería de políticas cuyo objetivo es favorecer la inserción laboral y la estabilidad laboral productiva, a través de una mejor transición del sistema educativo al mercado de trabajo, facilitando el intercambio de información sobre vacantes y trabajadores, reduciendo el costo laboral, o promoviendo la formación de habilidades en aquellos que están fuera del mercado laboral, a fin de aumentar su productividad y con ello su empleabilidad. Se trata de instrumentos prometedores en los que la región no invierte lo suficiente.

En Empleos para crecer se presentan algunas sugerencias para mejorar el rol de las políticas laborales en el fomento de empleos para crecer. Esto se hace partiendo de un principio básico: el diseño y la ejecución de las políticas laborales deben tener un enfoque integral. En algunos países, esto implica adecuar el costo del paquete de aseguramiento social; en otros, desarrollar mecanismos que faciliten la búsqueda y una buena “correspondencia” entre trabajadores y vacantes. En todos, se requiere promover una estrategia de formación continua que permita que los trabajadores se capaciten y continúen aprendiendo en el lugar de trabajo, y que fomente la creación de valor para la empresa y la economía en su conjunto.

Se puede y se debe hacer mucho más para lograr más y mejores empleos en América Latina y el Caribe, empleos de calidad que permitan crecer tanto a los trabajadores como a las economías en su conjunto. Para ello, es preciso que la política económica, en general, y la política laboral, en particular, se enfoquen en promover una mayor productividad. De lo contrario, la región pondrá en riesgo las notables ganancias obtenidas en la última etapa de crecimiento.

*Santiago Levy es el Vicepresidente de Sectores y Conocimiento del BID. Anteriormente, fue director general del Instituto Mexicano de Seguridad Social y Viceministro del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, entre otros cargos. Posee un doctorado en economía y una maestría en economía política de la Universidad de Boston. Este artículo es la adaptación del prefacio que Santiago Levy firma en el libro Empleos para crecer.

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