¿Estamos preparados para la próxima crisis?

Foto de Geraint Rowland

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En los últimos meses, los pronósticos de crecimiento económico para América Latina y el Caribe (ALC) se han revisado a la baja, es decir, los analistas económicos prevén que, en promedio, la región crecerá menos a lo esperado en 2014 y posiblemente 2015. ¿Cómo afectará esto la creación de empleo? ¿Y el desempleo? ¿Tenemos políticas y programas públicos preparados para apoyar a los trabajadores ante una eventual crisis económica?

El Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) pronostican que nuestra región crecerá este 2014 en torno al 2.6% (2.5%, según el informe Perspectivas económicas: Las Américas del FMI y un 2.7% según el Balance Económico Actualizado de América Latina y el Caribe 2013 de CEPAL). Ambas instituciones prevén una desaceleración respecto a los años anteriores (4,5% en 2011, 3% en 2012, y 2,75% en 2013). ¿Cómo se refleja esto en el mercado laboral? Los dos informes coinciden en que se generan menos empleos en la región. Las empresas están contratando menos trabajadores que en años anteriores. Sin embargo, las tasas de desempleo promedio de la región se mantienen en niveles muy bajos. ¿Cómo se explica esto? Se debe a que esta reducción en la creación de empleo vino acompañada de una menor tasa de participación laboral (es decir, trabajadores que estaban ocupados o desocupados y decidieron salirse del mercado laboral, pasando a considerarse como “inactivos”). Por eso, el desempleo no ha aumentado. Por ahora.

Pero en la región, incluso en condiciones relativamente buenas, con crecimiento bajo pero positivo, existe una alta vulnerabilidad a la pérdida del empleo. Si bien la tasa de desempleo es baja (7%) y la duración del desempleo también lo es (solo un 16,2% lleva sin trabajo más de un año), el riesgo de quedar desempleado es alto. Y es mayor para los trabajadores informales que para los formales. En este contexto, la región no cuenta con sistemas integrales que, por un lado, protejan a los trabajadores de riesgos como la pérdida de empleo y, por otro, fomenten su empleabilidad presente y futura:

  • Actualmente, solo ocho países de la región cuentan con un seguro de desempleo. En el resto, la única protección de los trabajadores ante el desempleo son las regulaciones laborales (como las indemnizaciones por despido). Ambos instrumentos benefician únicamente a los trabajadores asalariados formales, y dejan fuera a ese 55,3% de trabajadores informales (asalariados o independientes) en la región (Bosch, Melguizo y Pages, 2013).
  • Por otro lado, los países están avanzando en mejorar los servicios de orientación e inserción laboral a través de servicios públicos de empleo, aunque por ahora con una cobertura muy baja. Y si bien la mayoría de los países cuentan con institutos nacionales de capacitación con grandes presupuestos, lo que ofrecen no siempre está alineado con las demandas del sector productivo.

Los instrumentos mencionados arriba son permanentes, que la población elegible puede utilizar cuando los necesita. Sin embargo, como muchos trabajadores no acceden a un seguro de desempleo y/o indemnización, los gobiernos muchas veces recurren a instrumentos coyunturales, como los trabajos públicos o los programas de empleo temporal. Desafortunadamente, la evidencia muestra que estos programas son efectivos para mantener el consumo de la gente ante una crisis, pero no mejoran sus probabilidades de conseguir empleo al finalizar el programa (Hernani y otros, 2011). Además, si estos programas no se encuentran ya diseñados, listos para ser implementados ante una crisis, pueden llegar tarde, cuando la crisis ya pasó.

Así pues, ¿estamos preparados para la próxima crisis? Mi respuesta es que no. La región no cuenta con instrumentos prediseñados que permitan llegar rápidamente a un número significativo de trabajadores y familias que pierdan su empleo. Si, finalmente, las economías de nuestros países se enfrían, habremos desperdiciado un periodo de bonanza que podríamos haber aprovechado para invertir en las habilidades de los trabajadores (y reducir así el riesgo de que pierdan su empleo ante una crisis) para mejorar instrumentos existentes o diseñar otros nuevos que suavicen el impacto de la crisis a quienes sí pierdan su empleo.

About the Author

Verónica Alaimo
Verónica Alaimo es economista de la División de Mercados Laborales y Seguridad Social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Verónica inició sus labores en el Banco en el 2008 como especialista en desarrollo social en la División de Salud y Protección Social. Verónica lidera la investigación en temas de protección contra el riesgo de desempleo, así como participa en el diseño e implementación de proyectos sobre mercados laborales en la región. Antes de ingresar al Banco, Verónica fue consultora del Banco Mundial. Ella cuenta con un Doctorado en Economía de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign en el 2007, y con una Maestría y un Bachillerato en Economía de la Universidad Nacional de La Plata.

1 Comment on "¿Estamos preparados para la próxima crisis?"

  1. Hola amig@s, reciban un afectuoso desde la capital mundial de la salsa Cali, Colombia, Pacifico Colombiano.

    La verdad que este tema nos interesa ya que esta encima de nosotros una realidad que nos coloca en un punto difícil para el desarrollo social y económico de nuestros países de LAC, si embargo los retos son buenos, y más cuando precisamente en el caso de nuestro país se ha venido de una manera u otra trabajando estas situaciones, pero si es interesante crear políticas de estado en las cuales se maneje el tema laboral abordando los temas económicos, de capacitación y formación, de seguridad social y desempleo, vs soluciones practicas e inmediatas, como la creación de un fondo social emergente para cuando se venga la crisis se pueda manejar con facilidad dicha situación, ademas se puede pensar en el tema de un estampilla especial pro fondo social emergente.

    RAMÓN DIEGO BORJA SÁNCHEZ
    ASESOR Y CONSULTOR DE PROYECTOS

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