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Por Julia Johannsen.

Ya se ha hablado en este blog sobre lo que es un parto humanizado. Pero, ¿por qué tener uno? ¿Qué beneficios trae? ¿Y qué debe hacer una mujer o una pareja para tener una experiencia satisfactoria con un parto humanizado?

Los beneficios para la madre

El parto es la forma natural en que los bebés nacen y el cuerpo de las mujeres tiene mecanismos naturales para desencadenarlo y llevarlo a cabo. En el parto humanizado el personal de salud crea un entorno de respecto y tranquilidad, permite que la mujer se sienta empoderada como protagonista, e incentiva a la mujer a confiar en su cuerpo y su capacidad natural de dar a luz, evitar medicaciones contra el dolor y adoptar la posición en la cual ella se sienta más cómoda durante el trabajo de parto.

Sin embargo, en el modelo de atención que predomina hoy en día, la mujer llega a pasar varias horas acostada durante el trabajo de parto. En el momento del nacimiento, es llevada a una sala en donde debe adoptar una posición llamada “ginecológica”, que a pesar de ser conveniente para los médicos, es incómoda para la mujer y puede aumentar el riesgo de contracturas musculares y desgarros de tejidos.

Uno de los médicos ecuatorianos que promueven proactivamente el parto humanizado es el Dr. Alex Escandón quien en 2016 recibió el premio en salud de la Organización Internacional para la Capacitación e Investigación Médica (IOCIM).  En su opinión, desde el punto de vista médico y humano, la opción preferida antes de considerar intervenciones médicas debe darse las opciones lo más naturales posibles.

Durante una entrevista con el médico, el experto explicó “Si tienes una gripe o un dolor de garganta, ¿por qué hacerte una traqueotomía? La cirugía, la intervención y los medicamentos deben ser utilizados solo si los necesitas. Lo mismo aplica al parto, ¿por qué hacer una cesárea a una mujer que podría parir de manera natural?” Escucha la entrevista aquí:

 

Por otra parte, las cesáreas programadas que no resultan de una emergencia obstétrica durante el parto o una condición médica severa detectada previamente, en su gran mayoría son innecesarias porque carecen de una justificación médica estricta. Como toda cirugía, pueden tener complicaciones quirúrgicas (hemorragias) y posquirúrgicas (infecciones), además de prolongar el tiempo de estancia en el hospital, e incluso ocasionar problemas de cicatrización. Además de aumentar la probabilidad de cesáreas en los siguientes nacimientos.

A los beneficios físicos expuestos de un parto humanizado, se suma el bienestar emocional para la pareja cuando se crea un entorno de tranquilidad y respeto antes, durante y después del parto por parte de los profesionales y se permite la presencia y participación del padre (¡Que emoción poder cortar el cordón umbilical de su bebé!, si desea hacerlo).

Los beneficios para el bebé

“La adopción de una posición vertical de la mujer durante el parto, favorece el flujo de oxígeno y nutrientes hacia la placenta, y por lo tanto, hacia el bebé, evitando el sufrimiento fetal. Otro ejemplo son las contracciones del trabajo de parto que, cuando el bebé está bien, ayudan a que se produzca la sustancia surfactante en los pulmones, la cual permite que el recién nacido tenga una respiración normal. Por eso, todas las cesáreas programadas sin razón médica aumentan el riesgo de problemas respiratorios del niño.”

Además, también para el bebé hay beneficios emocionales difíciles de cuantificar: El contacto piel con piel inmediatamente después del parto entre el recién nacido y la madre, es importante porque representa el inicio del vínculo materno-infantil en la vida extrauterina. El vínculo materno-infantil tiene repercusiones en desarrollo psicológico, emocional y cognitivo del bebé, que son difíciles de medir y que a veces sólo se manifiestan en una etapa posterior del desarrollo. Además, este vínculo es un detonante importante de la lactancia materna.

En las palabras del experto: “Al nacer, en caso que el bebé salga de golpe y que se le separe de su madre, el niño ya perdió el primer contacto con la madre en los primeros momentos de vida en este medio ambiente tan diferente. El ser humano, como todos los mamíferos, apenas nace debe ser colocado junto a su madre. A diferencia de las consecuencias físicas, los riesgos emocionales de no hacerlo son difíciles de describir y cuantificar científicamente, aunque sabemos que el ser humano no es solo una suma de órganos, sino también una combinación de sentimientos y energía, con un montón de procesos que aún no entendemos al cien por ciento.”

Que cada vez más mujeres y parejas conozcan los beneficios físicos y emocionales de un parto humanizado, sería un primer paso importante para reducir la asimetría de información entre médicos y pacientes, reducir la tasa de cesáreas innecesarias y aumentar la demanda por partos naturales que sean respetuosos con las necesidades de la pareja y el bebé.

Una vez que la pareja tenga el conocimiento e interés, ¿qué debe hacer para tener un parto humanizado? Aquí una propuesta de cuatro pasos:

1. El más importante: Preguntar, preguntar y preguntar, sin miedo de hacer preguntas incomodas o insignificantes a médicos, establecimientos de salud y dentro de la red social personal. Conocer a detalle los servicios, opciones y el trato que ofrecen diferentes médicos o establecimientos es un paso clave para conocer la oferta local en la atención de partos.

2. Tomar el tiempo necesario y actuar con anticipación para escoger el médico (o al menos el establecimiento) con calma y cuidado, según las posibilidades respectivas en el sector privado o público aprovechando una de las consultas prenatales específicamente para planificar el parto con el médico, compartir un “plan de parto” o explicarle tus expectativas.

3. Conocer el lugar antes del parto, familiarizarse con la infraestructura y planificar un parto individualizado según sea posible (por ejemplo, llevar la música preferida, la pelota, el banquito o el aceite relajante, y lo más importante: una silla o colchón para la pareja, amiga y/o familiar de confianza que acompañe el parto).

4. Optar por tener una doula, partera tradicional, amiga o pariente de confianza que cumpla el rol de asistir a la mujer o pareja antes, durante y después del parto con asesoramiento no médico en los aspectos mentales, emocionales y logísticos de este gran evento pudiendo aliviar en gran medida el estrés, la ansiedad o inseguridad que exista.

Sea cual sea la decisión de cada embarazada o pareja, también depende de sus iniciativas proactivas el tener una experiencia satisfactoria en uno de los eventos más importantes de su vida, el parto. Por lo tanto, un parto humanizado no solo es nuestro derecho sino también nuestra responsabilidad.

¿Conoces otras evidencias de beneficios de un parto humanizado? ¿Has tenido uno tu misma? ¡Comparte tu opinión abajo o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Julia Johannsen es especialista sénior en protección social en las oficinas del Banco Interamericano de Desarrollo en Ecuador.

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  • María Augusta Rodrigues Ribeiro
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    Para mí ha sido imposible tener un parto humanizado donde vivo (Nicaragua), a pesar de todos mis esfuerzos que han sido muchos. Es una utopía el parto humanizado dentro de este sistema médico y en esta cultura machista y misógina. Esa es la verdad. Harán falta muchas décadas de trabajo tenaz en las instituciones para que esta realidad cambie y las mujeres y sus bebés dejen de sufrir violencia obstétrica. ¿Se está haciendo este trabajo? Yo no lo veo. Veo algunas buenas intenciones y algunos cambios aparentes que no están asumidos por el sistema de salud y sus profesionales. Por ejemplo (visto por mí hace pocas semanas, en el sistema público), toman medidas para el contacto piel con piel y la no separación (que no es piel con piel exactamente, porque envuelven y envuelven al bebé en tela), pero se llevan un recién nacido antes de la hora de vida extraútero y lo separan de su madre 3 días (hasta donde supe) para hacerle pruebas por haber contraído zika en el embarazo. Separan a un recién nacido de su madre 3 días para hacerle pruebas… Resulta que no estaban todos los profesionales de salud necesarios para realizar las pruebas. Un sinsentido. Es que no entienden lo que es “humanizado”… No lo entienden. Y esto es solamente una anécdota. Hagan una investigación seria. Pregúntenle a las mujeres… y van a ver como se les ponen los pelos de punta. De buenas palabras estamos hartas ya. ¿Para cuando los cambios de verdad?

  • Luciana López
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    Otro tema importante es el acceso a la analgesia para el parto. En Uruguay se ha logrado que sea opcional y gratuito en el sistema de atención público (que atiende al 35,6% de la población), pero en el sistema mutual sólo una mutualista lo ofrece gratis (que atiende al 5,4% de la población). Para el resto mayoritario, acceder a la analgesia en el parto cuesta aproximadamente USD 1.000. A esto se adiciona que elegir al médico que atienda el parto implica una transacción privada (de la cual se desvincula el centro de atención) en la que el paciente tiene también que pagar los honorarios que éste determine. Estas cosas deberían estar reguladas, y no dejarlo en manos de las posibilidades de la paciente, constituyendo transacciones privadas fuera del sistema colmadas de incertidumbre en momentos de ansiedad. No soy médica, pero la analgesia en el parto seguramente contribuya a disminuir las cesáreas, tanto por las condiciones en las que la mujer llega al momento del parto, como en la reducción de los miedos previos, ampliando las opciones que puede manejar y siendo más libre al momento de conversar sus dudas y miedos con los médicos.

  • Otto Jurado-Blanco
    Responder

    Sin duda es un ideal lograr la humanización y el parto con conciencia, incluso logrando la participación activa de la misma madre -sobre todo aquella que vive en el área rural- donde por la presión del entorno y del propio sistema de salud y económico en que se desenvuelven las familias, es más que frecuente que pierda la posibilidad de rescatar su propia dignidad y la de su bebé que está por venir, sin hablar de sus derechos, capacidad de decisión y accesibilidad cultural y de servicios.

    Aún son muy pocos los “casos” (en realidad hablo de familias) que llegan a resolver por si mismos el ingresar como grupo a un universo de atención tan deseable como el que se anuncia en este artículo.

    En nuestra realidad y frente a la integración humanizada propuesta, continuará existiendo diverso grado de oposición cultural y de saberes -pero oposición al fin y al cabo- proveniente de la familia extensa, del círculo social inmediato, y del propio personal médico y de enfermería, cada uno en su campo y con planteamientos a veces bastante disímiles; se continuarán presentando trabas propias del “mercado de la salud”, que con sus intereses llevan a decisiones más prácticas para el servicio que atiende, pero no por ello mejores en términos médicos y de salud humana; persistirá la innecesaria generación de riesgos, hasta volverlos casi iatrogenias, y también del maltrato al momento de la atención final, que sin duda puede no atribuirse a impericia del galeno de turno, sino que estarán motivadas en factores externos como la contratación y cobertura del plan aplicado, a si hay deuda de la administradora para con la entidad que atiende, a si la materna tiene o no capacidad económica que la respalde, y hasta a lo disparatadas que se den las políticas locales de atención a la madre y al recién nacido, entre otras dificultades posibles.

    Aunque alabamos los esfuerzos de algunos por reimplantar en nuestras mentes tales beneficios ancestrales -ya vemos anunciados resultados relacionados con ello-, y también empezamos a evidenciar localmente que en ciertos momentos y por causas diversas surgen parejas o familias en gestación cuya decisión en tal sentido supera lo que el entorno les propone, sin duda el camino por recorrer aún es largo pues no sólo se trata de la voluntad de quien es atendido, sino que debe lograrse la disposición anímica, técnica y hasta cultural y política adecuadas, en un entorno por lo demás saturado de diferencias, inequidades, violencia y discriminación.

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