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Por Ana María Díaz Uribe.

Las necesidades en materia de salud que tiene la población son prácticamente infinitas, mientras que los recursos para cubrirlas son limitados. Cada persona según su edad, lugar de residencia, nivel de educación y de un sinnúmero de factores biológicos y socioeconómicos, demanda diferentes servicios al sistema de salud. Sería entonces prácticamente imposible pensar que un sistema de salud, por desarrollado que fuera, pudiera cubrir todas las necesidades de cada ciudadano y además hacerlo de manera inmediata.

Cuando se presenta esta situación, los sistemas de salud se ven en la necesidad de priorizar. La priorización puede ser explícita, a través de políticas públicas que organicen la forma en la que se emplean los recursos, o implícita. Esta última surge como una respuesta prácticamente involuntaria a la dinámica del desbalance entre la oferta y la demanda de servicios de salud. Es ahí donde aparecen los tiempos de espera como una forma de priorización implícita con la que todos los sistemas han tenido que lidiar. Las limitaciones existentes en términos del personal de salud, infraestructura (camas, salas de cirugía, tomógrafos, etc.) y los recursos financieros, hacen que la prestación de los servicios no esté inmediatamente disponible para todas las personas que la requieran. Es decir, los tiempos de espera son un síntoma de que la demanda de servicios de salud excede la oferta disponible.

En consecuencia y para hacer frente a esta situación, los gobiernos de los países deberían establecer procesos de priorización transparentes y técnicamente robustos que se materialicen en la definición de mecanismos explícitos de priorización. Los planes de beneficios, los listados de medicamentos o las decisiones explícitas de cobertura son algunos de estos mecanismos que han adoptado gobiernos a nivel mundial, incluyendo también la priorización explícita de los tiempos de espera como una herramienta de gestión de la prestación de los servicios de salud.

Los sistemas de salud deben entonces establecer mecanismos de gestión para priorizar generando unos criterios explícitos parar decidir a quién y porqué se atiende primero. Esto es una tarea que requiere de la articulación y sistematización de un proceso En este marco, los gobiernos han identificado diferentes estrategias para gestionar los tiempos de espera en los servicios de salud. Las iniciativas buscan generalmente dar prioridad a las situaciones y pacientes con necesidades más urgentes, y evitar que:

  • El sufrimiento de los usuarios del sistema se prolongue
  • El estado de la salud se disminuya por no tener servicios oportunos
  • La legitimidad de los sistemas de salud se erosione

Como mencioné, la gestión de los tiempos de espera debe tener como eje unos criterios claros y socialmente aceptados sobre cómo se asignan los tiempos (finitos) y a quién se da prioridad. Estos criterios son generalmente: nivel de riesgo y grupo etario (prioridad a niños y ancianos). Al usar estos dos criterios se puede establecer un orden de llegada para organizar a los pacientes. Es importante que la información utilizada para ello sea lo suficientemente transparente y pública para evitar erosionar la legitimidad de la estrategia.

Adicionalmente, el diseño de la estrategia de gestión de las listas de espera debe tener en cuenta una serie de factores como los siguientes:

  • Conocer los tiempos de espera reales que son generados por la dinámica del sistema de salud. Esto es con el objetivo de diseñar una estrategia que permita medirlos y poder hacer seguimiento.
  • Establecer el nivel de desagregación de la estrategia de gestión de tiempos de espera. Es decir, si los tiempos de espera se definirán a nivel de paciente, o por grupos de patologías y/o procedimientos.
  • Establecer metas claras y alcanzables, que apunten al recorte paulatino en los tiempos que las personas actualmente deben esperar para acceder a los servicios de salud.
  • Establecer los incentivos necesarios para garantizar que los tiempos de espera definidos se cumplan. Estos pueden ser o premios o castigos o los dos, dependiendo del sistema de salud.

Este último es uno de los factores de éxito para la buena implementación de tiempos de espera. Es por ello que quiero ejemplificarlo para un mayor entendimiento. En Suecia, se utilizó la competencia entre prestadores de salud para fomentar el cumplimiento de los tiempos (si el servicio de salud local no podía cumplir con los tiempos establecidos, la administración local debía garantizar la prestación del servicio en otra circunscripción cubriendo todos los gastos de traslado que se derivaran); en Finlandia se imponen castigos monetarios a los prestadores que no los cumplan; y en Holanda existen incentivos positivos (capacitación, pagos, equipamiento, etc.) que aunque son más aceptados entre los prestadores, generan una carga financiera adicional en el sistema que hay que contemplar.

Por último quisiera resaltar la importancia de los tiempos de espera que  trasciende el diseño mismo de los mecanismos de gestión de estos. Los servicios de salud, deben reducir al mínimo las ineficiencias administrativas que generan retrasos y esperas innecesarias a los usuarios. Si se explica de manera adecuada y la información es pública y transparente, la sociedad puede entender que los recursos técnicos y humanos sean limitados y que por ende se debe esperar a que haya disponibilidad. Sin embargo, si los tiempos de espera se incrementan por falta de respuesta, diligenciamiento de formatos, negación de servicios, etc., esto puede erosionar la legitimidad del sistema, toda vez que los retrasos y la espera se den por burocracias e ineficiencias, elementos que en el imaginario colectivo no son aceptados pues no deberían ir en detrimento de la salud.

¿Cómo se trabajan los tiempos de espera en el sistema de salud pública en tu país? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en twitter.

Ana María Díaz Uribe es miembro del equipo técnico del Bien Público Regional para Mejoramiento de la Gestión de Medicamentos de Alto Costo, y colabora en la coordinación e implementación de las actividades de CRITERIA.

*CRITERIA es una iniciativa del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que busca apoyar a los países de la región para que cuenten con la evidencia y las instituciones requeridas para el mejoramiento de la asignación y priorización del gasto público en salud. A través del fortalecimiento de procesos, la promoción del trabajo colaborativo y el intercambio de conocimiento y experiencias sobre priorización en salud, CRITERIA propone ideas y alternativas para avanzar hacia la cobertura universal en salud en un contexto de recursos restringidos y costos crecientes.

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Comments
  • GINA
    Responder

    Buenas noches, considero que los comentarios publicados están en relación a una realidad vivida hace muchos años y que persiste en nuestros hospitales.
    Esta apreciación no ha permitido ver a los gestores los cambios existentes en el sector social, político, ambiental que ha generado que se debe tener una nueva visión del sistema de salud,
    Actualmente no hay objetivos claros en salud publica, no hay una vision de procesos sino la prevalencia de querer figurar en diferentes grupos; la falta de control y supervisión han permitido crear una brecha inmanejable y que a ello se agregue los vicios ocultos como consecuencia de estas deficiencias.

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