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Por Mireya Vilar-Compte, PhD.

La Organización Mundial de la Salud calcula que si pudiéramos mejorar las prácticas e índices de lactancia materna globalmente, podríamos evitar la muerte de  aproximadamente 800,000 menores de 5 años. A pesar de tales beneficios, la lactancia materna no es la norma en muchas sociedades y, de acuerdo con un estudio recientemente publicado en The Lancet , en países de ingresos bajos y medios, tan solo el 37% de los niños menores de 6 meses reciben lactancia materna exclusiva.  Vinculado a ello, se observa también una tendencia creciente en las ventas de sucedáneos de la leche.

¿Un problema desde la perspectiva social?

La lactancia materna (o la falta de ella) se relaciona con costos y beneficios que van más allá de lo personal y trascienden a lo colectivo.  Por ejemplo, se estima que a partir de una perspectiva social, la lactancia materna subóptima conduce a pérdidas económicas globales de cerca del 0.5% del producto interno bruto.

Así, desde un análisis tradicional de políticas públicas se observa que la lactancia materna es un tema en el que un mercado y sus incentivos económicos no están correctamente alineados para su protección, promoción y apoyo. Algunos ejemplos son:

  • Problemas de información en, al menos, dos perspectivas, la relación principal entre las madres en decisión de amamantar y los profesionales de la salud además de las asimetrías de la información que fluyen entre las empresas que producen sucedáneos de la leche y los consumidores.
  • Asimismo, se distingue que los costos que una madre enfrenta en la decisión de amamantar o no, son percibidos desde una perspectiva personal y no siempre hay elementos que ayuden a incentivar esta práctica dados sus beneficios sociales, es decir un problema de externalidades.
  • Por último, se observa que dadas las inequidades del mercado se puede producir una formación exógena de preferencias vinculada a los elementos de mercadotecnia de los sucedáneos de la leche materna – especialmente, en ausencia de regulaciones o del cumplimiento de las mismas.

Los puntos previos sugieren la necesidad de que los gobiernos intervengan en la protección, promoción y apoyo de la lactancia materna, ya que por sí solo es un mercado que orilla a decisiones subóptimas.

Invertir en la lactancia materna para alcanzar beneficios colectivos

Esto coincide con el modelo de engranajes planteado por Pérez-Escamilla y su equipo. Ellos identifican ocho “engranajes” que deben trabajar armónicamente para mejorar las intervenciones y promover un ambiente fértil para los programas de lactancia materna a gran escala en un país; uno de estos engranajes se refiere al financiamiento para proveer los recursos necesarios en la implementación de políticas y programas. Es decir, asegurar la disponibilidad y suficiencia presupuestal que permita sobreponerse a las barreras de la lactancia materna óptima.

Desafortunadamente, en muchos países la baja prioridad que se da a la lactancia materna, permea en la falta de compromiso financiero. Por ejemplo, en México – país en el que desarrollo mis investigaciones – no existe una línea presupuestal o un programa presupuestal exclusivo para la lactancia materna.  Las acciones enfocadas a la misma  encuentran sus recursos en otras partidas (i.e. salud neonatal).  Ello dificulta la articulación de las acciones, incrementa la vulnerabilidad presupuestal que las sustenta y limita ciclos virtuosos de evaluación y monitoreo.

Dado lo anterior, considero que desde un enfoque de política pública, es necesario trabajar en hacer casos para “carteras de inversión en lactancia”, es decir, necesitamos apoyar a los gobiernos no sólo a conocer los beneficios que la literatura científica documenta en torno a la lactancia materna, sino también a estimar los costos ahorrados y los costos de instrumentar los programas o políticas (en distintas escalas).

Asimismo, tal y como sugiere este estudio, es relevante que los ejercicios de costeo se desarrollen desde una perspectiva integral como la que promueve la visión de los “engranajes”, ya que hacer un ejercicio limitado a los costos de un programa conduce a omitir los costos implicados en sobrepasar barreras estructurales claves como las vinculadas al apoyo social-comunitario, de los servicios de salud, del mercado laboral, etc.

Concluyo recordando que la lactancia es un derecho de todas las mujeres que tenemos hijos. Pero hacer real este derecho requiere un ambiente propicio que, dada la estructura de los mercados y sus incentivos, requiere de acciones y financiamiento de los gobiernos.

¿Cuál es la situación de la lactancia materna en tu país? ¿Hay incentivos desde el sector público para apoyarla? Comenta en la sección de abajo o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Mireya Vilar Compte, PhD es investigadora principal y profesora en el Departamento de Salud de la Universidad Iberoamericana en México.

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