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Por Salvador Camacho.

En enero del 2014 entró en vigor el impuesto a las bebidas azucaradas en México, el cual se cree que disminuirá su demanda. Esto es relevante para el país ya que es uno de los que cuenta con mayor obesidad en el mundo así como el cuarto puesto en consumición de bebidas azucaradas.

Se estima que los niños mexicanos consumen más del 40% del total de sus calorías diarias en forma de bebidas azucaradas, y estas bebidas están tan arraigadas a la cultura que algunas poblaciones les atribuyen propiedades curativas. Dado que están estrechamente ligadas al desarrollo de sobrepeso, obesidad, enfermedades crónico degenerativas y otros problemas de salud, una reducción en su consumo significaría un fuerte impacto positivo en la salud de la población.

El impuesto tuvo una gran resistencia por parte de la industria refresquera y es que como se mencionó antes, el país tiene uno de los mercados más atractivos para la industria. Por el lado de la oferta, el mercado en México es un oligopolio en donde una marca tiene alrededor del 70% del mismo, otra tiene 15%, y el resto está dividido entre pequeños productores, quienes juntos siguen luchando contra el impuesto.

Generalmente los impuestos en los productos alimenticios tienen dos consecuencias:

En el primer caso, si la demanda reacciona sensiblemente al cambio de precio (es decir, es una demanda elástica) el efecto buscado con la imposición efectivamente se da, es decir, el precio aumenta y la demanda disminuye como consecuencia. Sin embargo, en el segundo caso, pueden resultar una serie de fenómenos más complicados.

Por ejemplo, dado que el margen de utilidad es menor, el productor tiene más incentivos para vender más unidades y así mantener sus ganancias y su crecimiento esperado. Esto puede culminar en estrategias como: Campañas más agresivas de marketing, ajuste de precios acorde a la zona socio-económica (discriminación de precios) o incremento del precio de productos sustitutos (por ejemplo, el agua embotellada).

¿Ha funcionado el impuesto en México?

Según un estudio realizado por Colchero y el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) el impuesto efectivamente ha reducido las compras de bebidas carbonatadas (BC) y de bebidas no carbonatadas (BNC). El efecto es mayor entre los estratos socio-económicos más bajos y también mencionan que las ventas de agua embotellada han aumentado ligeramente.

Esto ha sido muy celebrado por ONGs y otros grupos de interés. Sin embargo, según el mismo estudio, el gasto familiar no ha disminuido. Esto quiere decir que las familias están usando el dinero que antes gastaban en BC y  BNC para comprar otros productos y el crecimiento en ventas del agua no es suficiente para sugerir que sea éste el sustituto. Las ventas de agua en realidad han mantenido su tendencia a la alta con el mismo ritmo desde hace unos años. El estudio lo reconoce y sugiere mayor investigación al respecto.

En otro análisis hecho por Colchero sin el INSP, en las BC el costo del impuesto ha sido transferido al consumidor, aumentando el precio final; mientras que para las BNC el costo ha sido parcialmente absorbido por la industria. Los productores saben que el segmento de las BNC es más sensible a un cambio de precio que el de BC, y así logran balancear sus ganancias. Esto debe de ser de particular interés para la salud pública y el gobierno porque las BNC son igualmente altas en azúcares aunque al no ser carbonatadas se consideran erróneamente más benignas, además su marketing está dirigido principalmente a los niños.

Este estudio también encontró que hay una discriminación de precios por zona económica, lo cual quiere decir que a los más pobres probablemente les siga costando lo mismo el producto y por ende se pierda el efecto directo del impuesto. También hay discriminación de precios por tamaño de presentación tanto para BNC como para BC. Entre más pequeña la presentación es más alto el incremento, lo que podría resultar en un aumento en ventas de presentaciones grandes, lo cual afecta la cantidad consumida por las personas, ya que tendemos a consumir más cuando compramos presentaciones grandes.

En conclusión, todos los efectos directos e indirectos sobre obesidad y sobrepeso deben de considerarse al evaluar la efectividad del impuesto y no sólo los indicadores obvios. Eso puede cambiar totalmente el resultado. Por ejemplo, Dinamarca eliminó su impuesto a la grasa después de hacer un análisis más completo situacional. Esta es una lección importante para los países que buscan adoptar esta medida en el futuro y en México para no celebrar antes de tiempo.

¿En tu país hay un impuesto al azúcar? ¿Cómo funciona? Cuéntanos en la sección de comentarios abajo o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Salvador Camacho es candidato a doctor en salud internacional por la Universidad de Heidelberg, Alemania, con el tema “El uso de herramientas de Behavioral Economics para combatir la obesidad”.

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Showing 6 comments
  • Walter Edgardo Galvez
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    La azucar tienen muchos usos mejores, y los campos no de ca;a de azucar pueden usarse en algo mas amigable, para el medio ambiente, especialmente para el agua.
    Walter

  • Diego
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    Hay que insistir en educación, promoción y prevención de la salud.

  • Gregorio Sanchez
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    Los resultados de investigaciones como los del Instituto Nacinal de Salud Publica son una buena referencia; sin embargo la pregunta que yo dejo es: ¿Como se ve impactada en salud y en gasto de bolsillo una familia con este tipo de estrategias?…deja de consumir bebidas azucaradas?…en la vida diaria de la población mas pobre de este pais qué sucede ante una medida de este tipo?

  • Diego Cruz Montes De Oca
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    Creo que otra solución puede ser crear conciencia, excelente artículo profesor!

  • Aurea López
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    Sin duda el impuesto fue creado con el ánimo de reducir el consumo de bebidas o bien, para que el gobierno pueda dar más presupuesto a las instituciones de salud pública a fin de tratar las enfermedades derivadas de una obesidad (diabetes, cardiopatía, hipertensión) las cuales están siendo un problema económico muy severo. Pero efectivamente, desde mi punto de vista, los estudios que realizaron no fueron suficientes, no vieron la manera de cambiar la cultura en lugar de sólo pegarle a los bolsillos para así pensar dos veces si compras un refresco o no. Los mexicanos somos muy reacios al cambio y más cuando proviene de una imposición del gobierno, así que es complicado que a través de un impuesto, la situación de obesidad, cambie en el país.

  • Gabriel Farfán Mares
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    Hay dos temas que aún conociendo éstos y otros estudios no hemos logrado aclarar. Si los más pobres o los pobres en general siguen consumiendo refrescos y otras bebidas con alto contenido de azúcar (jugos, pero también aguas frescas, cafes y lácteos con alto contenido de azúcares, etc), porqué la Secretaría de Hacienda dijo en un documento oficial para defender la reforma que el consumo de agua subió y el de los refrescos bajó cuando no es posible con los datos que se tienen argumentar esto?, por qué, si el objetivo de la reforma era castigar el azúcar y generar recursos para tener más agua potable, programas anti obesidad, etc no se han dado cambios importantes tanto en el gasto como en las políticas públicas respectivas? De acuerdo con simples estudios de elasticidades por tamaño de presentación, 325 ml, 1 litro, etc y deciles de ingreso las elasticidades relevantes están en las clases ricas y medias, no en las pobres. Esto es sólo otro hallazgo, que no aporta a echar “las campanas al vuelo”. Más nubarrones y dudas se derivan de la reforma en el 2014… saludos, Gabriel Farfán Mares

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