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La paradoja de la innovación (y por qué las empresas no invierten en nuevas ideas)

América Latina enfrenta lo que puede llamarse la paradoja de la innovación. Esta paradoja es una situación en la cual tanto el sector público y en especial el sector privado, invierten poco en actividades de innovación, a pesar de tratarse de un tipo de inversión que tiene retornos altos.

Existen variadas oportunidades para innovar en la América Latina. Por ejemplo, la región tiene una fuerte base de capacidades en ciencias biológicas lo cual es consistente con sus ventajas comparativas asociadas a los recursos naturales. Esto ha generado dinámicas interesantes relacionadas con la producción de vacunas, nuevas semillas genéticamente mejoradas, inoculantes, etc., cuya difusión ha llevado a que en estos sectores se esté muy cerca de la frontera tecnológica internacional. Sin embargo, esta dinámica virtuosa que ocurre en ciertos sectores específicos, está muy lejos de ser una tendencia generalizada (te puede interesar un par de ejemplos sobre el agro argentino y la industria salmonera chilena)

Si una empresa se enfrenta con una oportunidad de inversión altamente rentable, debería invertir. ¿Por qué entonces las empresas no están invirtiendo en innovación? La respuesta tiene que ver con que existen una serie de anomalías en el mercado al momento de lidiar con la innovación que no ocurren cuando uno tiene que evaluar otro tipo de inversiones, como por ejemplo la construcción de una carretera o un edificio, o la adquisición de un tractor para producir soja.

Hay una frase de George B. Shaw, que dice:

Si usted tiene una manzana y yo tengo una manzana, e intercambiamos nuestras manzanas, cada uno al final sigue teniendo una manzana. Pero si yo tengo una idea y usted una idea, e intercambiamos nuestras ideas, ambos al final tenemos dos ideas cada uno”.

Es que la innovación se basa en ideas y las ideas se comparten. Una idea, una vez producida por una empresa, queda librada a que todos los competidores de esa empresa puedan utilizarla en beneficio propio.

Esto hace que muchas veces las empresas no quieran invertir en un tipo de bien o servicio, que tienen que financiar, pero que una vez producido, todos los competidores pueden acceder. Se trata de una inversión extremadamente complicada en la que, salvo en ciertas circunstancias particulares como la protección mediante una patente por ejemplo –que son casos más bien excepcionales–, las empresas van a ser muy reticentes a entrar. Se produce entonces una anomalía, las empresas saben que la innovación es algo rentable, pero como saben que una vez que inviertan van a tener que compartir sus resultados con todos los demás, no invierten y esperan que otro lo haga.

Hay un caso interesante de la primera empresa a la que se le ocurrió producir arándanos en Argentina. Esa empresa enfrentó numerosos problemas e incertidumbres técnicas, plagas de la planta, etc., y al final tuvo que salir del mercado. Sin embargo, su accionar género información muy valiosa para otras empresas sobre cómo producir arándanos en Argentina y el sector posteriormente se desarrolló. En este caso existió un pionero que estuvo dispuesto a invertir y correr con el riesgo, generando este efecto positivo, o como lo llamamos en el ámbito económico, una externalidad positiva.

Pero ¿cuántas oportunidades se están perdiendo o no se están materializando precisamente por falta de pioneros?  La sociedad necesita de las ideas de estos pioneros, porque al producirse la sociedad en su conjunto se beneficia.

El espacio para la acción
Esa dicotomía o paradoja es lo que genera el espacio para las políticas públicas. ¿Qué políticas públicas? Existe una batería de políticas e instrumentos que básicamente pueden ayudar a compartir el riesgo con las empresas, para que estas se animen a entrar en la carrera de la innovación. Y esas políticas incluyen desde incentivos fiscales hasta subvenciones, financiamiento, y varios otros mecanismos que se podrían combinar para que las empresas estén dispuestas a ser pioneras e innovar, que es lo que la sociedad quiere.

Intervenciones de Política Pública
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En la reciente publicación del BID ¿Cómo repensar el desarrollo productivo?: políticas e instituciones sólidas para la transformación económica se hace una evaluación de estas opciones de políticas, repasando tanto sus bondades como sus riesgos.

El último mensaje que quisiera transmitir es que diseñar e implementar esas políticas no es fácil. Es una tarea que requiere de capacidades institucionales para coordinar y estimular al ecosistema innovador, y sobre todo para poder realmente identificar a aquellas empresas que tienen el problema, y no empresas que dicen que tienen un problema pero no es así, lo que puede generar un mal uso de los recursos públicos destinados a compartir el riesgo de innovar.

Entonces, es clave contar con agencias estatales que manejen los programas de fomento a la innovación con una lógica de sector privado (aunque sean públicas), porque son quienes van a poder entender cabalmente cómo funcionan las empresas. Es igualmente importante que estas instituciones tengan recursos humanos bien pagados y bien formados, y es esencial que evalúen el resultado de sus intervenciones.

Esto es parte fundamental de lo que se requiere para hacer políticas públicas que ayuden a superar esta paradoja, incentivando a las empresas a invertir en innovación y beneficiando a la sociedad en su conjunto.

Gustavo Crespi
Gustavo Crespi

Gustavo Crespi es Especialista Principal en la División de Competitividad e Innovación en el BID, donde coordina la agenda de investigación. Sus áreas de interés incluyen: Evolución Industrial, Cambio Tecnológico, Estructura Industrial y Desarrollo de la Firma y Gestión y Evaluación de Política Tecnológica, especialmente en los países en desarrollo. Ha escrito y publicado numerosos artículos en las revistas más prestigiosas en las áreas mencionadas. Además es miembro del Consejo Editorial de varias publicaciones. Crespi posee un PhD en Estudios de Política de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Sussex (SPRU), una Maestría en Desarrollo Económico y Comercio Internacional de la Universidad de Chile, y una Licenciatura en Economía de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.

Comentarios 6

  1. El artículo tiene muchos aciertos, me intereso mucho donde menciona que no se invierte en I+D porque una empresa hace la inversión y el resto del rubro la aprovecha, es una realidad, la solucion que propone el artículo es legislar para estimular el desarrollo de ideas innovadoras y es aqui donde considero que tenemos el mayor reto para llevar acabo este esquema, ya que involucra al sector publico y en nuestra querida America, la corrupción es la normativa en nuestros gobernantes. Saludos desde Honduras.

  2. En efecto la innovación se base en ideas, sin embargo nace de un problema ligado a una necesidad de mercado, porque al final es allí donde termina.
    Es cierto que es muy complicado, hasta engorroso acceder a la patente y eso es uno de los temores de la innovación; no se protege la innovación y existe el temor a la copia, entonces, como bien se indica, todos quedan a la espera que exista un innovador o intraemprendedor para copiarlo.

  3. En mis estudios e investigaciones en muchos países de América Latina y El Caribe, he podido evidenciar que no solo los aspectos de mercado influyen en la baja generación de ideas, aportes claves para la innovación.
    Un aspecto sustantivo tiene que ver con la FALTA de una visión prospectiva, que permita crear políticas públicas de largo plazo y no sólo estar “sometidos a la contingencia”, es decir, periodos presidenciales. La mirada debe quedar establecida en un horizontal sobre los 10 años.
    En consecuencia, contribuye a esta carencia de ideas, la ausencia de una visión prospectiva, la no decisión políticas de intervención del futuro y el no disponer de divisiones o unidades al interior de losMinisterios, que aborden estas materias con mayor profundidad, seriedad y decisión.
    Cordialmente, Patricio OPORTUS Romero, Consultor Senior Internacional, e-mail: poportus@vtr.net

  4. El ‘status quo’ tiene una inercia muy grande. El costo de oportunidad se ajusta por el riesgo presunto de cambiar lo que se hace. Además es importante notar que la innovación será en un corto plazo LA herramienta que diferenciará a las empresas, ya que los tiempos de reacción ante nuevos productos y servicios cada vez es menor por lo tanto las ideas tendrán que brotar constantemente para mantener liderazgo de mercado. Mientras no se centre el sentido de labor en los consumidores la innovación nunca llegará a ser lo que la teoría dice. Se necesita un cambio de mentalidad, que creo que no veré en esta vida.

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