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El Banco Interamericano de Desarrollo inauguró la exposición Resilience: Reclaiming History and the Dominican Diaspora, que aborda el papel social de los artistas a través del lente de los domínico-americanos que sortearon la complicada historia del régimen de Rafael L. Trujillo en la República Dominicana.

Esta conversación —entre Jonathan Goldman, curador del BID, y Eduardo Díaz, director del Centro Latino Smithsonian—analiza los diferentes temas que presenta la exposición, incluyendo el papel de las diásporas en la sociedad americana y las contribuciones sociales que realizaron tanto individuos como instituciones artísticas.

(JG) La exposición más reciente del BID, Resilience: Reclaiming History and the Dominican Diaspora, trata sobre las maneras en la que los artistas pueden reflexionar, recuperar y adaptar las narrativas históricas ante la tragedia. Teniendo esto presente, ¿cómo crees que esta exposición aborda las necesidades de la comunidad dominicana en los Estados Unidos?

(ED) Para entender la totalidad de la experiencia domínico-americana en los Estados Unidos, necesitas conocer lo fundamental de la historia dominicana: la invasión estadounidense de 1916 y, por supuesto, el que aborda esta exposición, que es la brutalidad y el impacto de la dictadura de Trujillo.

Lo que hace esta exposición, Resilience, es brindarles a estos extremadamente reflexivos y talentosos artistas, la oportunidad de realmente reflexionar transversalmente aquello que caracteriza al arte tradicional. El mensaje es muy claro, me parece, pero ellos ofrecen esta perspectiva única que creo que ayuda a que cualquier persona comprenda el trauma de la dictadura de Trujillo —y al hacerlo, ayuda a crear una mejor comprensión de su experiencia en Estados Unidos—.

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(JG) ¿Por qué crees que es importante apoyar a artistas de las diásporas? 

 (ED) La comunidad dominicana conforma probablemente el quinto bloque más grande de la comunidad latinoamericana en Estados Unidos, y está creciendo.

Nuestro trabajo es se enfoca en la comunidad latinoamericana de Estados Unidos, pero el 35% de los habitantes (latinoamericanos) son inmigrantes, así que por supuesto que debemos servir a nuestra comunidad inmigrante. Parte de aquello en lo que el Centro Latino se centra es el nexo entre el país de origen y la comunidad de residencia.

 

(JG) ¿Cómo contribuyen específicamente los artistas a fomentar un impacto positivo en la sociedad? 

(ED) Soy un veterano del movimiento chicano. Asistí a la universidad (en San Diego) entre 1968 y 1972. Así que, piensa en todo lo que sucedía en el país en ese momento. Pasaba mucho. Era el punto más alto del movimiento de derechos civiles y del movimiento chicano, y yo participaba activamente de muchas marchas y demostraciones y realmente me involucré en la Huelga de las Uvas en apoyo a la lucha los trabajadores agrícolas.

Durante ese tiempo, el papel del artista fue fundamental para el movimiento. Desde el teatro campesino hasta el trabajo de los artistas visuales como José Montoya o el trabajo de Juan Felipe Herrera, uno de los poetas más laureados de los Estados Unidos. Todas estas personas, tanto en las artes escénicas como en las visuales, eran casi emblemáticas para mí. De modo que el papel del artista en la sociedad,  interpretando a su manera y ofreciendo su liderazgo para la lucha por la justicia social, es, para mí, un hecho. De alguna manera, influyó en mi visión sobre el artista y su papel en la sociedad. Para mí, este debe ser un rol del activista.

Personalmente el arte que tiene un impacto social es, a mi entender, el mejor arte. La obra en esta exposición es un arte grandioso —la técnica, la destreza—, pero al agregar valor, además del puramente estético, un  valor social, le permite generar una conversación y un diálogo, algo que es fundamental.

(JG) ¿Cuáles son las mejores maneras de apoyar las contribuciones sociales realizadas por artistas y creativos?

(ED) Llevo en estos asuntos 33 años. Creo que mi trabajo se orientó a crear oportunidades para artistas  y a lograr que la obra sea vista, buscada, coleccionada; que se escriba sobre ella; y que se la intérprete y contextualice mediante programas públicos y educativos. También, hacer que la obra se digitalice para su posterior distribución en la red.

Creo que la gente en América Latina puede apoyar a sus comunidades en la diáspora. Desde mi punto de vista, deben apoyar los intercambios interculturales y multinacionales. Sólo por ser miembro de una comunidad en la diáspora no eres menos miembro de una comunidad de origen, creo. Estas relaciones transnacionales son bastante naturales hoy en día.

Todos esos artistas que están en la muestra, van de aquí para allá todo el tiempo. Viven una realidad negociada culturalmente. Esa negociación cultural es algo que necesita ser apoyado tanto en el país, tanto como la apoyamos en el Smithsonian y en el BID. Fue importante que el banco reconociera el valor de este trabajo y lo trayera para que la gente lo vea. Creo que es un buen ejemplo de por qué es importante apoyar a artistas que son parte de la diáspora como una forma de tender puentes y de crear un diálogo en el país de origen y en la comunidad de residencia. Sólo puede ser para mejor.

Si te interesa descubrir la intersección entre arte, creatividad e impacto social te invitamos a visitar esta exhibición en:  www.iadb.org/exhibitions

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