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Jonathan Goldman* y Giselle Delgado**

Hace 20 años, el Caribe—y el mundo entero—desconocía el potencial de la industria de la animación. Sin experiencia y sin un modelo aplicable que seguir, cualquier esfuerzo para desarrollar la industria resultaba insustancial. Pero hoy parece que todo eso ha cambiado, y de aquella percepción, sólo queda el estereotipo.

Justamente fueron estas mismas carencias las que abrieron nuevos caminos y atrajeron  el apoyo de UNICEF y Disney Feature Animation en los años 90. El proyecto consistía en empoderar a la juventud por medio de la animación con un impacto sostenible en el desarrollo económico y social de la región.

Pero los 90 pasaron, y la industria cambió, evolucionó, y hoy es parte del día a día de una sociedad que construye sus imaginarios a través de dibujos, imágenes y videos. Muchos emprendedores e inversores ya se han dado cuenta de estas tendencias, y  han puesto sus ojos en la gran cantidad de talento creativo que hay en el Caribe.

Y la razón para invertir en animación no se reduce a un argumento económico, sino a un cambio de paradigma que parece estar asomando en el Caribe con consecuencias muy positivas:

1.- Hace del entretenimiento una forma de sustento. E El Banco Mundial estima que en el 2014 hubo una demanda global insatisfecha de 30 mil animadores. Muchos países en el Caribe buscan cubrir esta brecha, y deben hacerlo rápido para competir con Asia y Australia. Afortunadamente, el huso horario en el Caribe resulta más conveniente y le da ventaja a la hora de hacer negocios con los grandes productores culturales en Estados Unidos y Europa.

2.- Da voz a los jóvenes. Ellos ya no son solamente el futuro de nuestros países sino el presente, y requieren oportunidades. Al penetrar en una industria de prestigio global y dominada por grandes empresas, estos jóvenes con las ganas y el talento necesarios para llegar al mercado internacional, se acercan a la promesa de una vida mejor. Y para ello hay que seguir insistiendo en alcanzar mayor formación técnica de calidad y tecnología.

3.- Celebra la identidad y el patrimonio cultural. Para quienes no conocen esos sitios paradisíacos, la animación nos ofrece un vistazo a la vida más vanguardista y moderna del Caribe, y para los que creen conocerla, una perspectiva diferente. Con un inglés agradable y un humor seco, las animaciones caribeñas muestran las aspiraciones de sus habitantes así como sus penas y desafíos. Podemos conocer a fondo los impedimentos culturales, sociales y económicos que son característicos de la realidad caribeña, así como su cultura alegre y contagiosamente vibrante. Y más importante, es un medio de expresión para cada individuo que puede ofrecer una probadita de su mundo y de cómo lo experimenta.

4.- Educa al público, pero con alcance. La animación tiene un rol decisivo no sólo en el plano informativo, sino también en su capacidad de demostrar, interpretar y explicar. La actual sobresaturación de información hace que la distracción sea tentación fácil, pero la animación ofrece una alternativa creativa para atraer la atención del público desde las emociones, inclusive influyendo en la conciencia social y la justicia, generando empatía y comprensión. Desde publicidad hasta caricaturas y videojuegos, la animación es un catalista de ideas transformativas.

5.- Impulsa la creatividad y el arte. Muchos perciben la animación como una actividad comercial. Sin embargo, si logramos reconocer la animación como una forma de arte, fomentamos la innovación, la imaginación y el desarrollo de habilidades técnicas y creativas. La animación caribeña ofrece al mundo una mayor capacidad para la creatividad, el arte y la expresión.

A 20 años de esos comienzos, el Caribe se ha convertido en un centro de producción cultural. La animación en el Caribe continúa creciendo, con nuevos programas de capacitación y apoyo a jóvenes que sueñan con alcanzar el mercado internacional. Aún quedan retos, como el acceso a financiamiento y la penetración definitiva en mercados globales.

El BID cree firmemente en las industrias creativas como motores del crecimiento en América Latina y el Caribe. Desde 2014, ha comprometido US$18 millones a programas en Trinidad y Tobago que en gran medida ha impactado la industria de la animación gracias a la aplicación de métodos innovadores de exportación, atracción de inversiones y el desarrollo de capital humano. Además de actualizar el marco regulatorio de la industria, el programa ha aumentado la formación técnica y mejorado la tecnología existente.

Actualmente el BID, en colaboración con el festival de animación caribeño Animae Caribe, presenta Caribbean in Motion, exhibición de animación caribeña en Washington, D.C., y está abierta al público desde el 15 de abril hasta julio.

Si quieres saber más sobre las industrias creativas en el Caribe y en América Latina, únete a nuestra Comunidad Naranja.

 

*Jonathan Goldman es curador de la exposición Caribbean in Motion y de la colección de arte del BID.
**Giselle Delgado es graduada de Relaciones Internacionales por la Universidad de George Washington. Realizó una pasantía en el BID y colaboró en la producción de esta exposición.

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