El arte de la enseñanza: reflexiones de Belice

El arte de la enseñanza: reflexiones de Belice

Guest Author 23 Diciembre 2014 Comentarios

*Autor: Michael Geisen, Mejor Maestro del año, Estados Unidos 2008 

 

Belice es un país rico en bellezas naturales: arrecifes, playas, manglares, sabanas y bosques. Pero también exhibe los restos de la gran civilización maya, la cual alguna vez contó con una población mucho más numerosa que la actual. Todos estos maravillosos recursos están siendo utilizados de diversas maneras para enriquecer la vida de los beliceños y así desarrollar este pequeño país centroamericano, en medio del mundo cambiante de hoy en día. Sin embargo, el recurso más precioso y valioso que encontré durante mi semana en Belice fue, sin duda alguna, sus niños y niñas.

El pasado mes de noviembre, un equipo constituido por profesionales del BID, representantes del Ministerio de Educación de Belice y un grupo de maestros, realizó una gira de una semana entre los principales distritos escolares de Belice. El objetivo del viaje  fue reconocer a la carrera docente, reclutar jóvenes para el ejercicio de la profesión e introducir los principios básicos del  “Programa de Mejora de la Calidad Educativa (EQIP – por sus siglas en inglés), financiado por el BID. En cada uno de los cinco distritos, la participación de la comunidad cumplió o excedió nuestras expectativas. A pesar de que cada noche a las 6:00 pm (hora de inicio) no estábamos seguros de si alguien iba a hacer acto de presencia  (¡la puntualidad beliceña es un verdadero fenómeno!), profesores, estudiantes y padres de familia asistían a las reuniones acompañados de un puñado de dignatarios, miembros de la comunidad y de la prensa. El compromiso varió mucho según la localidad y audiencia.

En la última noche, después de mi presentación, salí del auditorio en Orange Walk Town a respirar un poco de aire fresco y ver a algunos niños jugar en los escalones. Un niño de entre 8 y 9 años de edad, estaba jugando a la mímica con otros tres más pequeños, tratando de que ellos adivinaran qué personaje estaba representando. Finalmente, les dio algunas pistas verbales: “¡soy el opuesto de un estudiante!”. Al ver que sus compañeros no adivinaban, insistió exasperado: “mira, ¡estoy escribiendo en la pizarra y repartiendo papeles! ¡Soy lo contrario de un estudiante!”. Finalmente, la respuesta fue acertada:” ¡Oh! ¡Por supuesto! ¡Eres un maestro!”.

Lamentablemente, esta parece ser la realidad que enfrentan los estudiantes todos los días en sus salones de clase. Los maestros,  con su tiza y su lección en mano,  dan clase a unos alumnos que se sientan ordenadamente en filas y tratan de aprender con métodos y materiales de enseñanza obsoletos y, a menudo, hasta ineficaces. Sin embargo, los docentes debieran ser eternos estudiantes y complementarlos, no lo contrario de ellos. Debieran aprender constantemente técnicas nuevas – sobre la base de la investigación y de la neurociencia – que hagan que el aprendizaje en sus estudiantes sea más eficaz, atractivo y divertido. Las herramientas pedagógicas de un profesor deben incluir no sólo conferencias, libros de texto y listados de problemas (¡y estos en cantidades limitadas!), sino también el aprendizaje cooperativo, laboratorios de investigación, nuevas tecnologías, aprendizaje experiencial, juegos interactivos y de roles, teatro, música, arte, narración, educación basada en el lugar, entre otros. Un enfoque pedagógico único no funcionará con todos los estudiantes (o todos los conceptos), por lo que si queremos que todos los estudiantes sean exitosos debemos abordar cada objetivo de aprendizaje desde distintos ángulos.

Muchas de estas estrategias pedagógicas requieren de pocos recursos, pero sí necesitan de entrenamiento, creatividad y continua retroalimentación.  A menos que Belice sea capaz de reclutar, formar y retener una fuerza docente más calificada y creativa, sus niños y niñas se sentarán en aulas del pasado al tiempo que intentan aprender de  una manera que no es compatible con el cerebro humano. Además, tal como se refleja en las altas tasas de deserción escolar en todo Belice, no solo existe una gran mayoría de estudiantes con dificultades para aprender, sino también hay muchos a los que les cuesta entender por qué es importante una educación tan anticuada en un mundo que cambia constantemente.

En mi presentación, me enfoqué en la idea de que los maestros son artistas. Aunque nosotros no trabajamos en oleos, arcilla o acuarelas, nuestro medio son los estudiantes. Y estos son una verdadera “red social”. No sólo porque hablan mucho en clase (¡lo cual pone en evidencia la necesidad de practicar técnicas de aprendizaje cooperativo!), sino también en el sentido de que ellos son la esencia de nuestra sociedad. Ellos traen la belleza, el color y la imaginación a nuestras vidas.

Aunque la mayoría de los artistas esperan enriquecer la vida de las personas a través de sus obras, los maestros esperan cambiar la vida de las personas. Trabajamos con el medio más importante que se puede imaginar: nuestras obras de arte no cuelgan de las paredes de una galería, sino más bien son personas que caminan entre nosotros.

El mayor activo de la sociedad son nuestros niños. Por lo tanto, nuestra mayor inversión de energía debe ser en ellos. En nuestra juventud, no sólo está el potencial más grande, la mayor imaginación y esperanza para nuestro futuro, sino que también tenemos hoy la más profunda belleza.

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