Por María Caridad Araujo. 

La ciencia del desarrollo infantil nos revela que, en las intervenciones en la primera infancia, lo que importa es la “calidad de los procesos”. Dicha calidad no tiene que ver con las características de las instalaciones donde se brinda el cuidado infantil ni los diplomas universitarios que tienen los cuidadores que se encargan de los niños. Por el contrario, la calidad de los procesos se define en la manera en que interactúan niños y adultos en el entorno de cuidado, como también en la manera en que se implementa el currículo. Los hallazgos de numerosos estudios revelan que el mejor ambiente para que los niños aprendan es uno en el cual experimentan interacciones receptivas, cálidas, sensibles a su perspectiva y con abundante contenido de lenguaje. La calidad de las interacciones en los diferentes entornos de cuidado infantil cumple un rol esencial para permitir que los niños pequeños exploren, aprendan y —en definitiva— alcancen su potencial.

Aunque parezca bastante intuitivo, a menudo los padres no consideran factores como los descritos en el párrafo anterior al seleccionar un centro de cuidado para sus hijos. En su defecto, los padres suelen guiar su decisión por otras variables como la conveniencia – por ejemplo, la ubicación del centro de cuidado en el camino diario del padre o la madre hacia el trabajo. Esto ocurre porque los padres están poco familiarizados con cuáles son los aspectos claves de la calidad de los procesos de este tipo de servicios y, como consecuencia, probablemente conocen menos sobre la importancia que estos tienen para sus hijos pequeños.

La falta de conocimiento sobre la calidad de los procesos no ocurre solo entre los padres. En muchos lugares del mundo, esta no es siquiera una consideración importante cuando los formuladores de políticas toman decisiones sobre el financiamiento de programas de cuidado de niños o de centros preescolares públicos.

El dilema entre los resultados y los costos del desarrollo infantil temprano

Los programas de desarrollo infantil temprano que han demostrado lograr efectos de mayor magnitud y que son sostenibles en el largo plazo también se caracterizan por ser de muy alta calidad. De allí surge la siguiente preocupación: si para llevar estos programas a escala se procura reducir sus costos, ¿se reduce la calidad de los servicios?, ¿qué sabemos sobre el dilema entre costos y calidad?

En primer lugar, aunque determinar los costos de los aspectos estructurales de la calidad (tales como infraestructura, salarios, juguetes, libros y muebles) es algo relativamente sencillo, se sabe muy poco sobre cómo calcular el costo de la calidad de los procesos. ¿Qué insumos necesitan valorarse? ¿Y qué se requiere para transformarlos en interacciones humanas de alta calidad?

En segundo lugar, la calidad de los procesos exige mucho más que los esfuerzos programáticos, ya que solamente puede sustentarse en la estructura de un sistema. Sin embargo, cambiar de una perspectiva programática a una perspectiva sistémica introduce complejidad y puede aumentar los costos. Estos son algunos ejemplos:

  • Cuando existe un sistema, cada año se generan suficientes recursos humanos calificados para dotar de personal a los diversos programas y servicios.
  • Cuando existe un sistema, los empleados son remunerados de una manera competitiva y atractiva que les permite crecer profesionalmente con el tiempo.
  • Cuando existe un sistema, el desempeño y la paga se vinculan con oportunidades de capacitación, coaching y mentoría, de modo que los profesionales no abandonan el área de trabajo  y progresan en sus carreras.
  • Cuando existe un sistema, se generan y publican datos con frecuencia, se supervisa la calidad del servicio, se monitorean los resultados de los niños para que las familias, los coordinadores de programa y los formuladores de política puedan tomar las mejores decisiones para el bienestar de los niños pequeños.
  • Cuando existe un sistema, se establecen estándares de calidad, los proveedores los cumplen y las familias tienen acceso a información sobre éstos al seleccionar un entorno de cuidado para sus hijos.

El tercer punto y el más importante es que la calidad es indispensable —un elemento no negociable en los programas de desarrollo infantil. Por lo tanto, mi propia conclusión personal es que, al pensar en resultados, calidad y costos con respecto a los niños, el dilema  que enfrentan los formuladores de políticas no debería ser entre invertir más o menos para tener programas de mayor o menor calidad. El verdadero dilema se da cuando se invierte más y sabiamente hoy a fin de desarrollar cimientos sólidos para los niños pequeños, y no se renuncia a las futuras ganancias que pueden obtenerse con mejores ciudadanos, más saludables y más productivos.

Este post fue publicado originalmente en Brookings.

María Caridad Araujo es economista líder en la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo.

Articulos Recomendados
Comentarios 6
  • Katherine
    Responder

    Totalmente de acuerdo, se trata de invertir en la etapa más importante en la vida del ser humano, sacrificar calidad por costo implicaría mayores gastos sociales en el mediano y largo plazo. Aunque parezca reiterativo, sería importante incorporar en el análisis, en qué medida las decisiones políticas permiten formular e implementar las políticas orientadas al DIT de manera sistémica, cuidando la calidad en los procesos; esto nos permitiría evidenciar uno de los mayores nudos críticos para el logro de mejores resultados.

    • María Caridad Araujo
      Responder

      Hola Katherine, gracias por tu comentario. Coincido plenamente contigo en que una mirada sistémica del tema va a permitir obtener resultados en materia de calidad, de equidad y de sostenibilidad. Por favor síguenos leyendo y ayúdanos a compartir posts como este con tus colegas.

  • Allie
    Responder

    Muy cierto. Sin embargo es muy difícil, al menos en México, encontrar lugar donde puedas dejar a tus hijos sabiendo que ofrecerán más calidad de intercambio que cantidad de “dibujos, trabajos, planas…” o cantidad de tiempo sentados sin dejarlos explorar, curiosear… pero bueno, algo ya se ha avanzado con el Programa de Atención con enfoque integral…
    Saludos

    • María Caridad Araujo
      Responder

      Hola Allie, gracias por leer y comentar nuestra entrada. El punto que mencionas es muy importante. ¿Conoces, en México o en otros países, de iniciativas que busquen apoyar a los padres sobre cómo escoger el mejor entorno de cuidado para sus hijos? De ser el caso, nos encantaría que nos contaras más sobre ellas. Muchos saludos, por favor síguenos leyendo y comparte tus impresiones.

  • Alejandra
    Responder

    Hola, por otro lado no debería ser un punto en contra para los padres pretender que SUS hijos asistan a una institución cerca de casa, porque se entiende que todas deberían brindar procesos educacionales para el desarrollo individual del niño. En Argentina y después de los 90 ESE paradigma esta cada vez más lejos. Demo de una película más que interessante y concluyente al tema. Saludos

    • María Caridad Araujo
      Responder

      Hola Alejandra, muchas gracias por compartir el link de La Educación Prohibida.

      Por supuesto que la conveniencia es una variable importante en la decisión de la familia sobre el cuidado infantil. Esta tiene efectos directos sobre el bienestar del padre/madre y del niño pues reduce el tiempo de desplazamiento, su estrés, etc. El mensaje del artículo era que ésta no debería ser ni la única ni la principal variable que guíe esa decisión. Muchas veces las familias cuentan con pocos elementos que les permitan tomar una decisión bien informada sobre la calidad del proveedor a quien van a encargar el cuidado de sus hijos pequeños. Ese es el mensaje que buscamos transmitir. Ojalá nos sigas visitando y compartiendo tus impresiones. Saludos.

DÉJANOS TU COMENTARIO