Hace un par de meses, tuve la oportunidad de visitar la Ciudad de México, una ciudad con una amplia gastronomía y hermosos espacios públicos, y una oferta cultural que no tiene nada que envidiarle a las grandes capitales europeas. Y fue durante esta visita que noté un elemento de la ciudad que antes no había contemplado: el ruido.

Con más de 20 millones de habitantes, es natural que México y su zona metropolitana sean áreas notablemente ruidosas. Sin embargo, los que más llamaron mi atención no fueron los ruidos de las bocinas de los carros o los de la música que proviene de algunos establecimientos comerciales, sino aquellos que forman parte de la identidad de esta ciudad mexicana:

  • Muchas farmacias emplean un método tradicional para dar a conocer sus productos y servicios: un vendedor se ubica en la puerta del establecimiento y anuncia—a gritos o con un micrófono—los nuevos productos y promociones.
  • Vendedores y coches ambulantes anuncian con música o grabaciones la venta de productos y servicios que van desde zapateros hasta comida para perros.
  • La “campana de la basura” anuncia la llegada de los recolectores a las zonas residenciales.

En conjunto, todos estos ruidos forman parte del mosaico auditivo tan rico y heterogéneo de la Ciudad de México, el cual puede ser fascinante para quien la visita, pero pueden convertirse en un verdadero tormento para quienes viven en ella.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ruido es uno de los principales contaminantes que afecta las condiciones de vida urbanas. La OMS señala que el ruido excesivo daña la salud humana e interfiere en las actividades cotidianas como ir a la escuela, estar en el trabajo, en casa o durante el tiempo libre. El ruido puede perturbar el sueño, causar malestares cardiovasculares y psicofisiológicos, además de reducir el rendimiento y generar cambios y respuestas bruscas en el comportamiento social.

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Paseo de la Reforma, Glorieta del Ángel de la Independencia: de 78.8 a 91.7 decibeles a las 13:20 hrs. Foto: El Financiero

Afortunadamente, la ciudad ya cuenta con varias iniciativas para mejorar la gestión del ruido:

  • En 2014, la Secretaría del Medio Ambiente del Distrito Federal publicó una normativa que establece los límites máximos permisibles de ruido en espacios públicos—65 decibeles de día y 62 decibeles de noche—a partir de los cuales los vecinos pueden realizar denuncias a través de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT). El mayor número de quejas ante esta instancia proviene de las colonias Roma y Condesa, dos zonas de uso mixto que concentran una gran cantidad de establecimientos nocturnos.

 

  • Para Jimena de Gortari, arquitecta y profesora de la Universidad Iberoamericana, el primer paso en una mejor gestión del ruido urbano es estudiar y conocer los paisajes sonoros de la ciudad. “El sonido es parte de la identidad urbana, y es un factor fundamental en la seguridad. Sin embargo, el tema de la acústica urbana no es visto como una prioridad en la región,” señaló. Con miras de ampliar el debate sobre este tema, su libro Guía sonora para una ciudad busca plantear nuevas formas de abordar el problema del ruido urbano.

 

  • Fausto Rodríguez, académico de la Universidad Autónoma Metropolitana campus Azcapotzalco (UAM-A), desarrolló el primer Mapa del Ruido de la Ciudad de México, a fin de que la ciudad cuente con un instrumento que le permita medir y analizar los niveles sonoros de la ciudad.

Otras ciudades de la región están emprendiendo iniciativas como éstas. ¿Qué está haciendo la tuya para mejorar la gestión del ruido? ¡Cuéntanos!