Por Elizabeth Hausler Strand, Fundadora y Gerente General de Build Change

Este post fue publicado originalmente en el blog del Foro Económico Mundial 

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Centro de Port-au-Prince, Haiti – Foto por Flickr: Colin Crowley

No son los terremotos los que matan a la gente, sino los edificios mal construidos.  Cada año, miles de personas en países en desarrollo mueren o resultan heridas cuando sus casas colapsan durante un evento sísmico, y miles más se quedan sin hogar.  El potencial para el desastre sólo aumenta a medida que la rápida urbanización lleva consigo la construcción de más casas sobre terrenos empinados e inestables utilizando prácticas de construcción poco seguras y materiales de mala calidad.  El trágico terremoto de Haití en 2010 nos recuerda la vulnerabilidad de muchas comunidades frente al desastre.

Los terremotos afectan de manera desproporcionada a los pobres, las personas que tienen menos recursos para hacer frente a los desastres. Para los gobiernos, los grandes desastres significan desarrollo detenido o negativo mientras escasos recursos humanos y económicos son desviados a la limpieza, la reconstrucción y el cuidado de los desplazados y heridos. Sin embargo, según el PNUD, para cada dólar gastado en la preparación para desastres, US $7 se ahorra en la respuesta a desastres. El retorno de la inversión es excepcional – sin mencionar el beneficio de las miles de vidas salvadas.

La devastación causada por los terremotos es un problema producido por la mano humana: es consecuencia de la pobreza, de la falta de normas de construcción y de la falta de cumplimiento de las normas existentes. Asimismo, se debe al poco acceso a materiales y herramientas adecuadas y a la limitada capacidad para construir de forma más segura. Mientras que el terremoto masivo, de 8,8 grados de magnitud, que sacudió en Chile en 2010 (el sexto más grande registrado) produjo daños extendidos, el número de muertos fue relativamente pequeño – 550 fallecidos.  Al comparar esto con el terremoto de 7,0 grados de magnitud en Haití, el cual resultó en la muerte de más que 300.000 personas, el terremoto de Chile demuestra que estrictos códigos de construcción y normas pueden reducir considerablemente las pérdidas y la destrucción incluso en los terremotos más fuertes.  Sólo se requiere la formación adecuada, el enfoque, los incentivos y pequeños cambios en las prácticas de construcción para salvar vidas.

En 2002, viajé a Gujarat, India, con una beca Fulbright para estudiar y ayudar con el trabajo de reconstrucción post-desastre después del terremoto devastador que mató a más que 20.000 personas. Después de observar estos esfuerzos, aprendí una lección importante: la construcción de viviendas es el desarrollo.  Y como cualquier problema de desarrollo, todo se reduce a la tecnología, el dinero y las personas: la construcción resistente a los terremotos en los países en desarrollo se convertirá en algo común sólo si la tecnología apropiada está disponible al nivel local, conocida y aceptada culturalmente. Además, el costo de la tecnología debe ser competitivo con lo existente, pero no necesariamente con los métodos seguros de construcción, y tiene que haber alguien que quiere cambiar eso.

En todo el mundo, hay un creciente reconocimiento que los propietarios de viviendas deben participar en los esfuerzos de reconstrucción, lo que ayuda a mejorar las capacidades locales, crear empleos, estimular la economía local y hacer que la construcción de edificios seguros sea la norma. Esto significa que son los propios dueños de casa que eligen el tipo de estructura, los materiales y la arquitectura de su casa; que compran los materiales de buena calidad al local; que supervisan la contratación de constructores locales; y participan y monitorean la construcción.  Además, los propietarios tienen la opción de invertir sus propios recursos financieros, lo cual puede resultar en una casa más apropiada a sus necesidades.  En India y China, este es el método preferido.  En Indonesia, ahora es el método preferido siguiendo las duras lecciones aprendidas después del tsunami Aceh. En Haití, los organismos de ayuda han estado cambiando desde un enfoque más costoso, impulsado por las donaciones para la reconstrucción de viviendas después de un desastre hacia un enfoque más ecológico, económico y centrado en los dueños de casa.

Antes de que un terremoto acontezca, hay una oportunidad para ofrecer préstamos a los propietarios de viviendas para que realicen mejoras, las cuales están sujeto a estándares específicos para calidad de construcción. Trabajar con las instituciones financieras para combinar financiamiento de viviendas con asistencia técnica permite que aquellos dueños de casa que no calificarían para préstamos de casa pueden hacer mejoras a sus casas que potencialmente podrían salvar sus vidas.

Este enfoque se está implementando en Haití ahora que la financiación de la reconstrucción de viviendas permanentes y mejoras se ha ralentizado. Sogesol, una subsidiaria haitiana del banco microcrédito, Sogebank, está implementando un proyecto de financiación de vivienda y asistencia técnica en alianza con Build Change para reconstruir y mejorar casas en la zona afectada por el terremoto de Port-au-Prince.  Los primeros indicadores indican que hay un mercado creciente para la financiación de vivienda con asistencia técnica.

Aunque siempre hay retos para el desarrollo, creemos que hay una solución sostenible para los desastres sísmicos. Ahora es el momento para que los gobiernos, las entidades públicas y privadas, las instituciones financieras, las ONGs y las comunidades trabajan juntos para generar un cambio en la práctica de construcción y construir comunidades resilientes antes de que suceda el próximo terremoto.